viernes, 27 de julio de 2007

Democracia de ciudadanos

"Seguramente hay otras formas de hacer política. Más ágiles, más próximas a la gente, más vinculadas a los medios de que disponen los ciudadanos a estas alturas del siglo XXI y a las necesidades que estas nuevas realidades conllevan." Xavier Pericay

" ... entre las tareas principales de este retoño que despunta va a tener que estar, forzosamente, el ennoblecimiento de la política. Y para eso es necesario que la sociedad vuelva a tener la política como una de sus tareas" Arcadi Espada

Los límites de la democracia de partidos

La reducción del debate político a una simple dialéctica de amigo-enemigo, "conmigo o contra mí", empobrece la deliberación, imposibilita el debate y convierte las instituciones en simples escenarios mudos de la misma colisión entre bloques monolíticos. Estas dinámicas erosionan y perjudican gravemente la calidad del sistema democrático, pero en esta erosión se ven apoyadas por diversos factores estructurales que encorsetan la participación democrática, dificultan el control efectivo de la acción política por parte de la ciudadanía y facilitan, por el contrario, la endogamia política y el consiguiente alejamiento de la clase política respecto a las preocupaciones de los ciudadanos.

Se trata de un fenómeno que traspasa las fronteras nacionales: las democracias europeas, vertebradas a través de los partidos políticos de masas, experimentan un ensanchamiento de la brecha entre instituciones y ciudadanos que se manifiesta en el cada vez mayor desinterés de la sociedad en la gestión de los asuntos públicos, la creciente abstención en las elecciones, la disminución en la militancia de las grandes organizaciones políticas y sindicales y un malestar difuso, pero cada vez mayor, que amenaza con desestabilizar el sistema institucional si abandona su actual pasividad. Las sociedades europeas han ganado una gran complejidad, pero los sistemas políticos siguen articulándose en torno a los mismos agentes que hace décadas: unos partidos políticos fuertemente jerarquizados, rígidamente cohesionados en torno a un liderazgo carismático, de funcionamiento opaco e ideología cada vez más borrosa, en los que la disciplina, la adhesión y el asentimiento son valores más cotizados que la discrepancia, la conciencia crítica y el debate libre entre iguales.

Hacia una democracia de ciudadanos

La simple constitución de C's supone ya un primer paso en el tránsito hacia una democracia en la que los partidos no constituyan los únicos cauces para la representación y la participación política de los ciudadanos. Somos un partido de ciudadanos, el primer partido que surge plenamente de la ciudadanía desde el restablecimiento de la democracia en España. Un partido que surge porque la partitocracia dominante no ofrece ya respuestas ni capacidad para acoger nuestras demandas, nuestras críticas y nuestras reivindicaciones.

No obstante, la apuesta por la renovación democrática que puede impulsar Ciutadans va más allá del simple aumento de la oferta electoral en aquellos lugares donde se presente. Porque somos ciudadanos, planteamos un modelo de democracia poliédrica en la que podamos participar desde nuestros distintos roles como ciudadanos, y no sólo como electores una vez cada cuatro años. La clase política tradicional ha demostrado su indolencia para abrir las instituciones al examen y la participación de los ciudadanos, por un lado; y su incapacidad para adaptar los mecanismos democráticos a las necesidades de una sociedad cada vez más dinámica y cada vez más compleja, cuyos retos no pueden ser ya exclusivamente abordados por interlocutores políticos. Corresponde, por tanto, a Ciutadans abrir la vía para transitar de una democracia de partidos que se queda pequeña hacia una democracia de ciudadanos en la que ejerzamos como tales, y no como simples clientes de las maquinarias electorales. Ciutadans tiene que ser la fuerza del radicalismo democrático, de la radicalidad en la defensa de una democracia fuerte, de sus cauces y su efectivo despliegue.

Información

La primera condición para una democracia efectiva es la transparencia en la información pública. No hay democracia plena si los ciudadanos no tienen conocimiento del funcionamiento de sus instituciones, por un lado, y no pueden evaluar la actividad de sus representantes, por otro. La accesibilidad a la documentación generada por las distintas Administraciones públicas resulta, en este sentido, capital para asegurar la capacidad de control en la gestión pública por parte de los ciudadanos (bien directamente o bien a través de unos medios de comunicación independientes) y protegerla ante las dinámicas de manipulación y propaganda por parte de la partitocracia. La legislación de libertad de información en Estados Unidos (recogida en la Freedom of Information Act ¬FOIA- y la legislación estatal y federal completamentaria), que regula el acceso de cualquier ciudadano a documentos oficiales no clasificados en poder de cualquier agencia federal, es uno de los modelos que pueden servir para transparentar las instituciones públicas en España, tanto nacionales como autonómicas y locales.

Democracia política

El ciudadano de hoy es, ante todo, un miembro de la comunidad cívica con
derecho a participar activamente en las decisiones que definen el espacio público en que desarrolla su vida. Hasta ahora, esa participación se ha encauzado únicamente a través de la delegación en grandes estructuras de partido que asumen la representación del ciudadano en las instituciones. Ciutadans tiene el reto de establecer y ensanchar cauces de participación directa de los ciudadanos en la gestión pública, cuando ello sea posible (principalmente en el ámbito local, con experiencias como los presupuestos participativos), y de articular mecanismos que reduzcan el protagonismo de las burocracias de los partidos y permitan una mayor interacción y seguimiento de los electores sobre sus representantes. Debe ser posible para los ciudadanos elegir, hacerse elegir y establecer cauces de interlocución con sus representantes al margen de las estructuras verticales de los partidos clásicos. En este sentido, la apuesta por las listas abiertas en las instituciones representativas resulta central, así como la exploración de las posibilidades de e-democracia que ofrecen las nuevas tecnologías.

Democracia social y económica

No obstante, el ejercicio de la democracia no puede agotarse en las instituciones políticas. Un ciudadano es hoy, y cada vez más, también usuario o proveedor de servicios, consumidor o productor de bienes, trabajador por cuenta propia o ajena, empresario, estudiante, peatón, vecino, conductor ... sin que estas categorías sean, además, excluyentes entre sí. Avanzamos hacia una sociedad de identidades múltiples que se solapan entre sí, y los procedimientos de participación democrática tienen que adaptarse a esa realidad.

Para ello, resulta imprescindible apostar por el desarrollo del asociacionismo. España es un país de escasa tradición asociacionista, y aunque en Cataluña el tejido social está más desarrollado, en uno y en otro ámbito se observa una satelización de los escasos movimientos cívicos existentes (asociaciones de vecinos, de estudiantes, sindicatos) por parte de los partidos políticos o, lo que viene a ser lo mismo, de las Administraciones públicas. Sin embargo, la existencia de un tejido asociativo fuerte, representativo, independiente de los demás poderes y con capacidad de interlocución es un elemento central en la consolidación de una democracia avanzada, que no se vertebre únicamente a través de las instituciones políticas sino que se vea complementada por mecanismos de democracia social (a través de organizaciones realmente autónomas de trabajadores, autónomos, empresarios, etc.) y democracia económica (asociaciones de empresas, organizaciones de consumidores).

La organización de la sociedad civil en núcleos capaces de movilizar, representar, reaccionar y actuar ante y en nombre de la opinión pública, o de algunos sectores de ella, fortalece y enriquece la democracia al abrir el abanico de agentes y de cauces que permiten vehicular, de una forma u otra, la participación de los ciudadanos. En este sentido, las estructuras de democracia económica y democracia cívica fortalecen y consolidan el tronco de la democracia política, de base eminentemente institucional, y sobre todo permiten dar respuesta a las necesidades de una sociedad en las que los roles de los ciudadanos ya no son únicos y no pueden, por tanto, gestionarse a través de una única vía.

Apuntes sobre consideraciones relativas a orientación política en C's.

Juan Antonio Cordero.