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miércoles, 2 de junio de 2010

Las tres mentiras de Barcelona

Barcelona ha acabado por asemejarse a muchos de sus restaurantes, que emplean más talento en bautizar los platos que en cocinarlos
Entre el arsenal de mitos, tres han abastecido a la ciudad hasta el empacho. Todos ellos convenientemente alentados desde las instituciones, como es normal (…): la Barcelona resistente, (…) la ciudad rebelde, [y] (…) el más importante, la identidad (…). Los tres mitos se sellan debidamente con una operación de fondo: la reescritura de la historia.

La exposición Fent Barcelona costó 80.000 euros. Su promoción, 237.000. Un singular modo de hacer un pan con unas tortas que me recuerda un chiste del genial Perich: “Para poder construir la torre Eiffel fue preciso elevar antes un andamio metálico de mayor altura. Los elevados costes de dicho andamio arruinaron a los constructores y la torre no pudo elevarse nunca; ni siquiera se pudo derribar la estructura metálica. Pues bien, ese andamio es lo que en la actualidad se admira como si fuera la torre Eiffel.”

Barcelona ha acabado por asemejarse a muchos de sus restaurantes, que emplean más talento en bautizar los platos que en cocinarlos. En otro tiempo ese proceder era cosa del comercio ambulante, de chamarileros que sacan lustre a la parte visible del género a la espera de rematar rápido el negocio y salir corriendo antes de que el cliente tenga ocasión de tasarlo, el tente mientras cobro. Pero los tiempos cambian y, hoy, el tráfico de sueños se ha convertido en una industria con poses muy dignas, incluso dispone de su propio cuerpo doctrinal: la publicidad no nos informa de un producto, de para que sirve esto o aquello, sino de un modo de vida. Ahí es nada. El atrezzo convertido en el argumento de la obra.
Barcelona parece cada vez más un decorado de Barcelona. Si uno fuera un filósofo francés, se preguntaría si existe Barcelona. Entiéndase, no quiero entonar la enésima tarantela sobre la ciudad perdida, esa obscena cháchara que llevó a unos cuantos letraheridos, con pose de Baudelaire o de Gide, a defender la roña de la ciudad preolímpica. Una ciudad que, eso sí, sólo visitaban a horas convenidas, antes de retirarse, Balmes arriba, hacia otras calles en las que no faltaban la luz ni las condiciones higiénicas. Parecían lamentar que los que por allí vivíamos no congeláramos nuestra cochambre para que ellos pudieran mercadear de la peor manera con el sexo y los sueños de los vecinos más derrotados de la ciudad. Se habían inventado una Barcelona, canalla y maldita, y no querían que les estropearan el juguete. Fantasías de niños bien a cuenta de la miseria ajena.

Aquella ciudad está muerta y bien muerta, y el que quiera ver monos que se vaya al parque. Pero también por aquellos años olímpicos, empezó a manifestarse lo que ahora parece imponerse: el énfasis en la cosmética. Si no se podía acabar con el lado oscuro, mejor componer el gesto y adornarse. Y la ciudad se entregó al fantaseo. A mentirse. La operación no fue ajena a la extensión de un virus nacionalista que acabó por afectar a todos los tejidos de su vida social y que Félix de Azúa glosó en un memorable artículo en El País, Barcelona es el Titanic. Es sabido que ese virus, para desarrollarse, necesita de los mitos. Entre el arsenal de mitos, tres han abastecido a la ciudad hasta el empacho. Todos ellos convenientemente alentados desde las instituciones, como es normal.

El primero, la Barcelona resistente. La nuestra sería una ciudad republicana que sobrevivió al franquismo sin dejarse contaminar por él. Una verdad a medias, es decir, una falsedad. Por los diarios de Azaña sabemos que la lealtad de los barceloneses con la República no resultó conmovedora. Y, desde luego, entre las clases dominantes a Franco se lo recibió, por lo menos, con alivio. Sin ir más lejos, la familia Maragall recibió con algo parecido al entusiasmo “la liberación de Barcelona”, según nos enteramos el pasado verano. Nada que debiera sorprendernos. La reciente biografía de Martí de Riquer nos confirma lo que nos resistíamos a ver en las fotos de los días aciagos: muchos barceloneses salieron a la calle a recibir a las tropas de Franco. No todos estaban allí a punta de pistola. Sin duda, había miedo y fatiga y muchos habían emprendido el camino del exilio. Pero de lo que no cabe duda es que no hubo resistencia. Para la exacta historia del mundo, Madrid, con toda justicia, sería la ciudad de la resistencia antifascista.

El segundo mito, la ciudad rebelde. Con frecuencia, nuestra ciudad aparece como una suerte de reserva espiritual de mayo del 68. Basta con ver las manifestaciones pacifistas o antiglobalización. Seguramente, bien contadas, las cifras no son las que se dicen, pero nadie puede discutir que, en proporción a la población, deben estar entre las más concurridas del mundo. Eso seguro. Sin embargo, hay algo irreal en esas congregaciones, casi todas ellas por las causas más justas. Y es que parecen más ornamento que, si se permite la expresión, genuino instinto de rebelión. Una sospecha que se vio confirmada el verano, el maldito verano, del 2007, el del apagón y de la crisis de cercanías. Miles de ciudadanos vieron como de un día para otro su jornada laboral real aumentaba tres o cuatro otras. Y no pasó nada. Los trabajadores de la no hace tanto llamada ciudad roja se tragaron sin rechistar un retroceso de más de un siglo de conquistas laborales. Nadie levantó la voz. Y eso que, a diferencia de lo que sucedía con las otras manifestaciones, los responsables de sus males no andaban lejos y, desde luego, temían mucho más que Bush lo que los barceloneses pudiéramos hacer.

El tercer mito, el más importante, la identidad. Vaya por delante que la identidad es cosa de poco mérito. No hay nadie sin identidad y todos la tenemos sin esfuerzo. No se conquista, no se busca o alienta. La idea, por lo demás, no es clara. En todo caso, sea lo que sea la identidad, parece que tiene que ver con lo que perdura, con lo que se mantiene, con lo que no cambia o se diluye. Cuanto mayor la mezcla o la mudanza, menos estable es la identidad. Por eso, la identidad se muestra menos cambiante en aquellas ciudades en las que las gentes se van. Los estudios sobre apellidos, que nos dicen mucho de las filiaciones y las idas y venidas de las gentes, muestran que Lugo y Huesca son las ciudades españolas con una identidad más genuina. Previsible, de allí se van casi todos y no llega nadie. Esos mismos estudios nos muestran que Madrid y Barcelona son las ciudades que mejor sintetizan lo que podría ser una maqueta de España, un resumen decantado de sus gentes, algo igualmente previsible.

Claro que hay una diferencia, la lengua. Algo importante, pero sin exagerar. Y sobre todo, sin mentiras. Según la encuesta más reciente, un 31,9% de barceloneses del área metropolitana tiene el catalán como lengua materna y un 61,5% el castellano. Casi el doble. El castellano es la lengua mayoritaria y común de los barceloneses. Esa es nuestra realidad, más o menos bilingüe, y, por ende, nuestra identidad. Pero no es esa la que se invoca y la que se recrea desde las instituciones, la que se finge. Basta con echar una mirada a las páginas del Ayuntamiento, a su publicidad, a sus comunicaciones. O a nuestra televisión, a BTV, que informa sobre la ciudad en veinte lenguas, entre las que no incluye la de la mayoría de los barceloneses. Y de los emigrantes, por cierto, a esos mismos a los que apela para justificar ese Babel. A su identidad, claro. Sería bueno saber de quién exactamente. Otro modo de engañarnos.

Los tres mitos se sellan debidamente con una operación de fondo: la reescritura de la historia. Para muestra, la fuente de la que procede la información sobre Maragall, sus memorias, Pasqual Maragall: el hombre y el político, escrito por Esther Tusquets y Mercedes Vilanova. Procede, hay que precisar, no de la edición publicada, a la que faltan veinte páginas, sino de la integra, cuyos 20.000 ejemplares hubo que destruir por las presiones de la familia Maragall. Una familia como todas, o casi todas, pero con el suficiente poder intimidatorio para conseguir su objetivo. En el entretanto, en un entretanto que ya lleva varios años en circulación, desde el poder político, en la presidencia del anterior gobierno de la Generalitat y en la actual consejería, no ha habido día en el que no se les llenara la boca a los hermanos Maragall, y a los demás se nos vaciara el presupuesto, a cuenta de recuperar la memoria histórica. Hasta ahora mismo. Hace apenas dos días Pascual Maragall estaba en primera fila en el acto de apoyo al juez Garzón, en la Universidad de Barcelona, en el que, al grito de “no nos callarán”, se criticó a “quienes pretenden borrar la memoria del franquismo”. Asombrosamente allí nadie precisó exactamente quién era el sujeto culpable de tales males ¡Con lo fácil que tenían mencionar al menos algún nombre!

No resultará sencillo desandar ese camino. La fantasía crea adicción y resulta complicado apearse de la impostura. Mala cosa porque, con facilidad, se acaba en el esperpento. Y si hay algo que no debe perderse es el sentido del ridículo. Un primer paso en la terapia consistiría en mirarse al espejo sin hacernos trampas, sin afeites. A nosotros no nos quedará ni el consuelo del andamio.

Félix Ovejero Lucas

lunes, 21 de diciembre de 2009

Félix de Azúa: 'Veloz progreso hacia el pasado'


Uno de los muchos vizcaínos huidos de la represión política vascongada y que vive en Cataluña desde hace 30 años me contaba la semana pasada lo siguiente. Tiene él un amigo, excelente profesional y persona bien situada, que adolece de un profundo sentimiento nacional y es separatista desde sus años universitarios. Ello no ha impedido en ningún momento que se lleve bien con el vasco, persona más bien escaldada en ese terreno y poco dada a la expansión patriótica. Sin embargo, según me dijo, el tono de las conversaciones ha ido variando a lo largo de este año que ahora termina. En su último encuentro, el educado ciudadano catalán le había dicho con gesto ufano que la independencia sería inevitable en un plazo de seis años y que tal era el cálculo de los partidos nacionalistas, no sólo los fanáticos y el de la derecha católica, sino también buena parte de los socialistas catalanes acomodados. Mi amigo tragó saliva y le preguntó si había planes, también, para ellos. “¿Para quiénes?”, preguntó el separatista. “Para los españoles que vivimos en Cataluña”. “¡Oh, por supuesto! Tendréis 20 años para elegir”. Mi amigo insistió, con una sonrisa, sobre qué era lo que tendría que elegir. Su colega dejó escapar una alegre carcajada, le dio unas palmaditas en el hombro y se fue hacia otra mesa.

Hay en Cataluña una masa significativa, quizás en este momento en torno al 20% de la población, que piensa muy seriamente como el caballero separatista y ocupa lugares estratégicos del sistema económico, mediático y político catalán. La cifra se ha multiplicado durante el Gobierno de Zapatero, precisamente por lo comprensivo que ha sido con las exigencias separatistas. Como saben bien quienes han conocido las peores etapas vascas, las concesiones sólo sirven para estimular las exigencias porque siempre se interpretan como debilidad. La consigna nacionalista dice que fue la intransigencia de Aznar lo que multiplicó a los separatistas, pero lo cierto es que ha sido Zapatero quien ha construido a Montilla y con Montilla llegaron los referéndums soberanistas. ¿Que no son vinculantes y que no llevan a ningún sitio? ¡Menuda simpleza! La política pública (otra cosa son los negocios subterráneos) es exclusivamente mediática y para los medios nacionalistas (que aquí son (casi) todos) Cataluña ya se ha volcado en la secesión.

Lo peligroso de la independencia no es el hecho en sí. ¿A quién le importa que de la noche a la mañana aparezcan en el mapa Macedonia, Croacia o Kosovo? Lo inquietante es el tipo de poder que se instala en esos reductos. Las “nacionalidades” de nueva creación son productos etiquetados con el sueño de una idealización, y el peso de su publicidad (en ausencia de guerra, las naciones se venden como mercancías) descansa sobre mitos o sobre sucesos que tuvieron lugar hace siglos. Como no puede ser de otro modo, los nacionalismos son muy conservadores, están anclados en el pasado y tienen una sólida base burguesa. Cada paso hacia la independencia trae consigo colosales negocios locales. Así es el nacionalismo franquista, el lepenismo francés, el de la Liga Norte o el de los xenófobos septentrionales. Nadie ha conocido jamás un nacionalismo obrero. Frente a esta evidencia, los separatistas suelen aducir el nacionalismo de las viejas colonias como Cuba o Argelia y sus derivados tipo Chávez. Me parece más prudente no pisar ese charco de sangre.


El neonacionalismo actual, como el catalán o el vasco, pertenece al conjunto de presiones derechistas que quieren acabar con los restos cívicos de la Transición. Es un regreso a la sociedad pre-democrática controlada por los poderes feudales regionales mediante la secular alianza del campesinado con la oligarquía. De ahí la importancia que tiene entre los separatistas la palabra “pueblo” y la escasa atención que dan al término de “ciudadano”. De ahí también la constante animización mágica del catastro, “Cataluña exige, Cataluña ha dicho, Cataluña ha decidido…”, o la obsesión con el folklore inventado por las élites regionalistas del romanticismo. Y no es de extrañar que el primer referéndum independentista del pasado domingo se celebrara en un pueblo de 120 habitantes. Su independencia es ontológica, o sea, no tiene remedio. Es el símbolo supremo de la nación añorada: agraria, montañesa, minúscula, la puede gestionar un párroco.

Ahora bien, la independencia real, lo que suele denotarse con el término “soberanía” que tanto usan los nacionalistas catalanes, significa asumir la plena capacidad legal para declarar el estado de excepción, según la clásica definición de Carl Schmitt. Son muy recomendables las reflexiones de Giorgio Agamben comentando a Walter Benjamin sobre este punto en el recién traducido El poder del pensamiento (Anagrama). Suspender la legalidad vigente de modo legítimo es lo propio del soberano, sea éste una persona o una institución. De hecho, los nacionalistas de Montilla ya están legalizando a toda prisa un Tribunal Constitucional catalán para cuando suspendan la Constitución española. No sabemos, de todos modos, si estos soberanistas están dispuestos a plantear el estado de excepción prescindiendo de un Ejército de respaldo y contando tan sólo con la presión mediática y económica. Se han dado escisiones pacíficas, como la de la nación llamada Eslovaquia, y es posible que un proceso semejante pueda aplicarse en el futuro a Chipre para separar a turcos de helenos, pero creo dudoso que sirva para España, aunque sólo sea porque en otras regiones hay un nacionalismo español tan radical como el catalán o el vasco y de similar ideología. Es cierto que está permanentemente controlado y apenas representa peligro alguno, pero dudo de que se quede sentado mirando la tele cuando se le arranque una cuarta parte de lo que él considera que es su nación.


En cambio, el caso vasco lleva camino de emprender otro derrotero mediático a partir de la expulsión del PNV de los resortes económicos del Gobierno autonómico, aunque no de todos. Allí, los socialistas han tomado una posición coherente con la tradición de la izquierda europea y, de momento, mucha gente respira aliviada por primera vez desde hace medio siglo. La peculiaridad del caso catalán es que el partido socialista (que escribe su logo con esta grafía: psC para subrayar que son más catalanes que socialistas) era el órgano que debía corregir la deriva conservadora, constituida en verdad como un movimiento nacional en consonancia con la herencia rural y oligárquica del nacionalismo catalán. Sin embargo, y contra toda la herencia ilustrada, progresista o revolucionaria del partido, los socialistas catalanes (en realidad, tan sólo su acomodada cúpula dirigente) han asumido en los últimos cinco años los mitos del nacionalismo conservador y rural, su lenguaje se ha vuelto casi exclusivamente sentimental y apenas se distingue del de sus socios separatistas.

Este giro derechista del socialismo catalán, no obstante, parece compartido por el Gobierno de Zapatero, cuya errática e improvisada política va deslizándose paulatinamente hacia posiciones de una irracionalidad incompatible con la experiencia del socialismo europeo. Un populismo, una obsesión por el espectáculo, una cerrazón sectaria, una frivolidad moral, que han otorgado fuerza inesperada a las oligarquías regionales sin obtener absolutamente nada a cambio. Este periodo de gobierno socialista se cerrará con tan sólo dos leyes que puedan considerarse más o menos progresistas: la que permite el aborto de las adolescentes sin permiso paterno y la que concede el matrimonio a las parejas homosexuales. Las pérdidas, como es evidente, tienen otro monto. El balance es desolador.

Quién nos iba a decir a quienes fuimos votantes del socialismo catalán que algún día sentiríamos envidia del País Vasco. Y quién nos había de decir que serían los socialistas catalanes quienes precipitarían en el descrédito al socialismo español.

Félix de Azúa .

martes, 3 de noviembre de 2009

El Pesebre Catalán y C's-Ciutadans


























Después de una larga reflexión, no ideológica, sino de afinidad con la opción política a la que he estado apoyando desde antes de su fundación, sigo militando, como todo el mundo sabe, en Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía, a pesar del grave error de alianzas en las europeas.

Como todo el mundo sabe,la cosa Nostra catalanista ha convertido en su pesebre particular el territorio catalán, y a sus ciudadanos. Lugar donde roban el dinero público, expropian por dos duros, -St. Coloma- e imponen multas claramente recaudatorias -80Km/h - o de represión lingüística al 60% de ciudadanos catalanes hispanohablantes, y al que no acepta su visión de la realidad catalana, con la exclusión social. Los Capos: el Govern Catalá, reparte el pastel entre los amigos de la Familia, con estudios de informes surrealistas muy bien pagados o, a base de subvenciones desproporcionadas que usan para desviar el dinero a otros asuntos identitarios, -Omnium Cultural, Palau de la Musica- o para enriquecer a los que están en el ajo catalanista –Millet-. Y al mismo tiempo, con los ciudadanos y asociaciones privadas que no son de cuerda, a golpe de subvención, crean un clientismo político que les sirve para ganar elecciones y mantener su feudo.

Como todo el mundo sabe, el llamado PUC, el transversal partido unificado catalanista compuesto por PSC-IC-ERC-CiU, unen sus diferencias para el fin común y último de la construcción de un país inventado por sus capos mafiosos y sus esbirros seudointelectuales. En esta indigna unión, está, desde los que se llaman a sí mismo como progresistas y de izquierdas, hasta la derecha catalanista más ultracatólica y más rancia. Por lo tanto, la izquierda internacionalista del socialismo democrático donde la verdadera patria son los ciudadanos del mundo, no existe en el umbral político catalán. Los que seguimos creyendo en las bases democráticas y universales del socialismo, no tenemos representación en su pesebre, nos llaman españolistas a modo de insulto, como si catalanista, por regla de tres, no fuera en ese caso también un insulto.

Como todo el mundo sabe, desde el punto de vista de la izquierda internacinalista, no nacionalista o antinacionalista, -como más les guste- no cabe apoyar nacionalismos tribales y feudales sólo basados en el uso de una lengua y orquestados por la elite dominante de ese lugar. Estos ciudadanos progresistas que apoyan a estos indignos representantes de la socialdemocracia, ya sean de PSC o IC, pasan sin darse cuenta a estar más en vilo por el sentir privado de sentirse del terruño, de si llevar un burro o un toro en el coche, que a estar por lo que dicen que son y votan; favorecer la igualdad, la solidaridad, y la libertad personal de ser; la evolución social a un mejor reparto de beneficios y de perdidas, control del uso del dinero público por los políticos; reformar la ley electoral para que no decidan siempre los mismos, etc. Los ciudadanos catalanes que se dicen de izquierdas, y que votan a partidos que llevan esa etiqueta sólo por explotar la tradicional pero ya pasada confrontación entre la izquierda y la derecha, han dejado de ser de izquierdas para convertirse simplemente en nacionalistas identitarios y excluyentes, lo contrario de lo que proclama el sentir socialista.

Como todo el mundo sabe, El PP, partido también agarrado a la partitocracia que gobierna España y contrario, como el PSOE, !cómo no¡ no es de extrañar, a la reforma electoral, baila, según el son que tocan. Son capaces de aprobar competencias para Pujol sobre la normalización lingüística y de presentar inconstitucionalidades a la norma al mismo tiempo. El PP se catalaniza según le conviene para ver si los Capos le dejan más parte del pastel. El PP se dice no nacionalista, pero todo el mundo sabe que en él hay un componente de nacionalismo español muy fuerte.

Llegado a este punto, la alternativa está clara:

Que la única fuerza política que contempla el socialismo democrático no nacionalista es C’s.

Que la única fuerza política de opción no nacionalista es C’s.

Que el ideario de C’s, además de no nacionalista sigue siendo liberal y progresista, dentro del espacio ideológico del socialismo democrático.

Que C’s contempla un programa de acciones políticas a considerar en un supuesto gobierno, más igualitario, regenerador, y constitucionalista que el del PSOE-PSC.

A todo ello, hay que añadir que C’s cuenta con tres escaños en el Parlament desde las anteriores elecciones y, por lo tanto, su voz ya es conocida a pesar de los intentos de silenciar su labor negando el espacio audiovisual básico para dar a conocer su voz, y opinión, en los medios de comunicación públicos.

Que nuestra verdadera lucha y motivo de existencia está aquí, en Cataluña. Que por eso tenemos que mantener nuestra presencia en el parlament; aquí és donde sentimos la discriminación por ser constitucionalista, por hablar castellano o pensar diferente a ellos.

Por todo ello sigo apoyando la única opción posible en Cataluña: C’s. De centroizquierda, progresista liberal y no nacionalista.

Javier Casas

sábado, 21 de marzo de 2009

El nacionalismo es de mal llevar con la discusión pública

















Les dejo con una parte del artículo, El fardo de la transición de Felix Ovejero, donde hace un esclarecedor análisis de nuestra democracia y, de la sociedad civil y política española, desde la transición hasta hoy, en un artículo no demasiado expenso y fácil de leer. Se puede leer entero, pinchando aquí.

La parte que he elegido para el post, trata sobre la imposibilidad que tienen los nacionalismos para vivir en sociedades democráticas libres, y su carencia de argumentos razonados, basados, esencialmente, en sentimientos privados.

Félix Ovejero Lucas

El nacionalismo es de mal llevar con la discusión pública, con la deliberación política. Por dos razones por lo menos. Por el territorio que pisa, la apelación a la emoción como principio de justificación, y por el ámbito de justicia que invoca, porque el interés general le trae al pairo, porque sólo le importa lo suyo y no lo oculta. Dos circunstancias que hacen imposible la exposición pública de razones.

En la estrategia nacionalista la apelación a la emoción cancela la posibilidad de las réplicas. El proceder nacionalista busca acondicionar la plaza pública de tal modo que asegure la preservación de un sentimiento de identidad que los nacionalistas atribuyen a todos los que viven cerca de ellos. Los ecosistemas sociales deben recrearse para que ellos puedan dar curso a su sentimiento de identidad. Para que ellos puedan “vivir en su propia lengua” los demás deben contestarles en su lengua. En el parecer de los nacionalistas, sus vecinos están obligados, si no a sentir lo que los nacionalistas, a actuar de tal modo que se asegure la preservación del sentimiento de los nacionalistas, a cumplir un papel en la función escrita por y para los nacionalistas. Por ejemplo, a contestarles en su propio idioma. Una estrategia política como cualquier otra. El problema, desde el punto de vista de la deliberación democrática, es que cuando se discute esa política de imposición del sentimiento –que no el sentimiento –, se truena –que no se razona, porque no cabe razón alguna – “porque se está ofendiendo a los sentimientos”. Unos sentimientos que, se precisa –y aquí viene el golpe de astucia –, “como todos los sentimientos, son privados”. Esto es: se hace política, ingeniería pública, pero se echa mano de un territorio al que, según se dice, no cabe pedirle explicaciones: “lo íntimo”, el coto vedado de la privacidad. Ni más ni menos, como los curas, cuando tercian sobre la educación, el matrimonio y mil cosas. Eso sí, con menos hondura.

La otra razón de la falta de razones apunta, y mata, al corazón del ideal democrático. En su mejor versión, en la democracia, los ciudadanos o sus representantes criban las discrepancias y los conflictos de interés en discusión compartida, con criterios idealmente imparciales. Unos dirán que los recursos se deben destinar a los A porque los A los necesitan más que nadie y otros dirán que los B. Estarán en desacuerdo pero sin dejar de compartir un principio de comunidad política y de justicia: que los recursos han de ir a quien está más necesitado. Incluso los que tienen innobles motivaciones, cuando defienden una propuesta, en el debate político inexorablemente tienen que apelar a los principios de justicia, al interés común y, por ende, están expuestos a que les muestren que las cosas no son como cuentan, que, bien pensado, la justicia o el interés común recomiendan atender otras propuestas. Los que invocan al interés general están obligados a someterse al interés general, esto es, a descartar sus propuestas si no se acompasan con los principios que ellos mismos utilizaron. Es el camino que conduce de la democracia a las leyes justas, el de la deliberación.

sábado, 15 de noviembre de 2008

El SEPC igual a Cristo Rey





















Ciudadanos se sumó a la manifestación convocada para protestar contra la nueva ley de educación de la Generalitat.

A la voz de !ya¡ o, lo que és lo mismo, a la voz de !viva cristo rey¡, la banda de fundamentalistas del SEPC, energúmenos adoctrinados y educados para la intolerancia y el fascismo iniciaron su acoso y derribo.

Estos desgraciados se otorgan el derecho de decidir qué no todos los catalanes tienen la libertad de manifestarse y que son ellos quienes otorgan ese derecho.

Estas juventudes hithlerianas, como el que no quiere ver la biga en su ojo nos etiquetaban de nazis y españoles. Españoles sí, pero ni nacionalistas españoles ni mucho menos, nazis, de centro-izquierda y liberales progresistas, el partido que está a la izquierda del PSOE, porque IU es una de sus corrientes internas, joda a quien joda.

Los profesores que los adoctrinan en la intolerancia hacia los que no piensan como ellos, se dedicaron a envalentonar a sus cachorros, una conducta que tira por tierra su cualificación como educadores, si alguna vez la han tenido.

Nos han lanzado mecheros e insultado, y nos han lanzado gritos de fuera españoles, han intentado prender fuego al pelo de una de nuestras militantes y, se han dedicado a romper banderas e, incluso, una cámara digital

Antonio Gala fuera de toda sospecha, socialista y antifascista decía esto al respecto:

Seguro que si este ambiente de opresión contra todo lo que se opone al credo nacionalista, más propio de la Alemania nazi o de la Italia de Mussolini que de la Europa democrática trasciende fuera de nuestras fronteras, la plana mayor de la Generalitat responderá, como lo ha hecho tras el reciente artículo de The Economist, arremetiendo contra el mensajero y pensando que con más burocracia represiva lograrán tapar esta monstruosa realidad que no deja de extenderse.

Jefe Rojo

miércoles, 30 de julio de 2008

Balanzas Fiscales una coartada para el privilegio



























Exigir más para el que aporta más no es de izquierdas:

Pedir que los impuestos se queden donde se recaudan atenta contra la finalidad social de la redistribución de la riqueza: no es de izquierdas. En un estado social cada cual paga según su capacidad y recibe según su necesidad.

No se deben generar desigualdades en función de lo que aporta cada uno. No tiene sentido que Nou Barris o el Raval robe a Pedralbes o Vallecas robe al barrrio de Salamanca porque aporten menos impuestos en relación a lo que reciben. Ni que Cataluña robe a la UE por recibir 8.600 millones de euros en fondos de cohesión.

Los nacionalistas exigen balanzas fiscales para hacer creer que “España roba a Cataluña” y esconder su mala gestión. El PSC, en su estrategia de competir con CiU, ha asumido el discurso nacionalista y abandonado los valores socialistas, con la interesada complicidad de PSOE. ICV y EUiA se ha transformado en una corriente interna del PSC y ha dejado de existir como partido real.

Como ejemplo un botón:

La falsa izquierda progresista sigue dando muestras de intransigencia, estupidez y totalitarismo fachoso al más puro estilo garrulo. Un edil, el número 1 de la coalición ICV-EUiA por la provincia de Tarragona en las elecciones generales, Lluís Suñé, que se dice de izquierda pero fanáticamente nacionalista y qué por lo que dice, hace y reivindica no habrá leído en su vida un miserable libro que trate del socialismo, ni como ideología ni como historia del movimiento llamado de izquierda desde la revolución francesa hasta hoy, cree, o al menos su corta y flácida inteligencia así lo asegura que "Los catalanes aportamos, y mucho, a la riqueza del conjunto del Estado"(España) como demuestran las balanzas fiscales y, pese a ello, "las voces anticatalanas" siguen apreciando que los catalanes son insolidarios. Todo esto dicho con el más típico sentido victimista. El Arma que más éxitos ha cosechado el rancio nacionalismo llorón.

Le digo al tanoca capsigrany éste que hará poco que habrá salido de alguna caverna, que los territorios no pagan impuestos, sólo las personas, qué los principios básicos del socialismo democrático -- que él debería saber ya que defiende un partido en teoría de izquierdas -- proponen, en este aspecto, que cada cual pague según su nivel de ingresos y que a su vez los impuestos sean empleados por el Estado ( España) para favorecer el mejor desarrollo de todos y no las ventajas particulares de caciquismos locales o nacionalismos trasnochados.

Si estos son nuestros representantes de izquierda, que en teoría deberían estar a favor de los mas desfavorecidos, estamos apañados y, totalmente vendidos a los privilegios de los señores burgueses o patronos capitalistas que pretenden volver a la época feudal; o dicho teocráticamente, dios nos coja confesados con semejantes gurús, profetas y santos del nacionalismo fundamentalista más febril, feudal y fascista que asoman por las listas de alcaldes, concejales y ediles de partidos de “nuestra” izquierda.























Este horrendo personaje aunque ya haya pedido disculpas en su blog, fue capaz de poner en él para apoyar su errónea opinión en términos socialistas sobre las balanzas fiscales, un cartel, cuyo lema era: "Sos. Extremadura needs you", y en él aparecían dos niños, medio desnudos con la cara y el pelo sucio, y en la parte inferior, decía: "Un 8, 7% del PIB catalán no es suficiente. "En fin, quizás nos tendríamos que añadir a la campaña" 'SOS Extremadura needs you Apadrina un niño extremeño por 1.000 euros al mes". (Foto de arriba)

El Cap de suro de Suñé se hizo el gracioso y victimistamente pretendió ironizar ridiculizando con mal gusto a los extremeños exponiendo unas razones totalmente irracionales para cualquier socialista de pro, y que hace, que el ridículo lo hiciera él por indocumentado y socialistamente inculto.

Lo malo és que este tipejo, cap de suro, está pagado con el dinero publico de todos, y para vergüenza general, es concejal vinculado a ICV y EUiA y es portavoz del ayuntamiento de Torredembarra (Tarragona). Además, fue concejal de Medio Ambiente y Juventud en la localidad y vicepresidente del Consell Comarcal del Tarragona entre 2003 y 2007. Lo dicho, apaga y vamonos.

C’s reivindica el valor de la igualdad y la justicia social, defendiendo los derechos de todos los ciudadanos, sin privilegios. C’s es hoy el único partido que defiende los valores del socialismo democrático, y así lo demuestra tanto en el Parlamento de Cataluña como en los municipios donde tiene representación.


Jefe Rojo

domingo, 27 de julio de 2008

Ernest Maragall y su Nacionalismo





















A propósito de su artículo en el país sobre el Manifiesto por la lengua común:

Permítame Conseller Ernest Maragall que le catalogue de fariseo, embustero y falso, pero sobre todo…….. de miserable.

No se puede tergiversar más un texto sin que medie pura y llana mala leche. La mala leche que atesoráis vosotros, chamanes de tribu, procreadores de mitos en asegurar cosas que el manifiesto no dice.

El manifiesto está por el Bilingüismo, el mismo bilingüismo que esta colla de intransigentes e insensibles carroñeros de la historia, egoístas e insolidários, pedían antes, cuando todos estábamos contra la imposición franquista del castellano en la educación.

El manifiesto está por el derecho a la enseñanza en lengua materna o en bilingüe. Por el derecho que tienen los padres de elegir la lengua vehicular en la que estudian sus hijos.

El manifiesto está para lograr que las sentencias del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña se cumplan, como así sería, si pusieran las tres casillas en la hoja de inscripción ; Catalán, Castellano y BILINGÜE.

Pero estos visionarios y profetas negociadores de sentimientos con la que hipnotizan a la gente por medio del más intimo sentimentalismo, en pura sintonía con la estrategia nazi de la psicología de masas, los convierte en salvadores de patrias imaginarias, o de lenguas que hoy en día, están más fuertes y son más habladas qué nunca lo han sido en la historia.

La política qué aplican los nacionalistas en una sociedad compuesta de ciudadanos libres, és, la política basada en imposiciones de etnia, grupo homogéneo y propio, no en criterios políticos que beneficien a todos los ciudadanos. Ellos sólo tienen que contentar a sus partidarios no a los demás, puesto que los demás, somos excluidos.

Los nacionalistas solo se representan a ellos mismos, dándonos la espalda a los demás ciudadanos que tenemos otra manera de ver la vida pública o de ver la resolución de los problemas cotidianos que nos afectan a todos, apolíticos o no apolíticos, de una u otra tendencia.

Los nacionalismos no resuelven problemas a los ciudadanos, los crean para manipular historias y creencia con el fin de perpetuarse en el poder de generación en generación. Como así esta ocurriendo en nuestra Cataluña, qué históricamente siempre ha sido gobernada por afines al Clero y a la Burguesía, y han despreciando históricamente a campesinos, obreros y trabajadores en general, en cualquier época de su historia. Sus descendientes burgueses, siguen hoy en día como líderes y gobernantes nuestros casi 200 años más tarde y muchos, enrolados en las filas socialistas y progresistas

El nacionalismo siempre ha sabido crear el victimismo apropiado para traspasar a otros sus carencias y culpas, apoyándose en el sentimentalismo propio del concepto de patria, incrustando en las mentes de la gente del pueblo la idea de madre de todos los que viven en un mismo lugar o, hablan una lengua particular, aunque no sea la única del territorio. Sobre todo a partir del siglo XlX con el auge de las patrias identitarias, llamadas románticas y basada en una etnia, una cultura, una lengua y, que acabó con la llegada al poder por medios democráticos de los nazis en Alemania. De tan triste recuerdo.

Anhelo que algún día la parte de mi pueblo catalán que está absorbido por estos emblemas de la sin razón, estos políticos sacerdotes inventores de patrañas irracionales que privan al individuo de un análisis libre, igualitario, solidario e internacionalista de la existencia de la raza humana en este planeta, dejen de creer y apoyar a semejante colla de hipócritas y farsantes mamarrachos que se mueven sólo por sus propios intereses no por el interés general de la humanidad.

Ernest Maragall, es ante todo un nacionalista que impone, miente y tergiversa al más puro estilo hipnótico de masas, apoyado en el victimismo de la más profunda desazón que le produce un manifiesto justo, por la lengua común qué siempre, desde ya en época de los Trastamara, se ha hablado y ha sido propia de Cataluña y, de España.


Javier Casas

sábado, 19 de julio de 2008

El nacionalismo es una farsa de derechas















Les dejo el link del artículo que ha elaborado Sergio Sanz, miembro de C’s con sus enlaces relacionados, preguntándose dónde está el socialismo del PSC y del PSOE ante sus afirmaciones de supuesto expolio fiscal y las antisocialistas declaraciones de el Sr. Castell miembro del PSC.

Éste es el mismo partido llamado ilógicamente socialista que a sido capaz de aprobar una ley de privatización de la sanidad publica conjuntamente con PP, PNV, CC y CiU: La ley 15/97 de “Nuevas Formas de Gestión en Sanidad”que permite que la gestión y administración de los centros sanitarios pueda llevarse a cabo a través de cualquier tipo de entidad admitida en derecho, así como que la prestación y la gestión de los servicios sanitarios pueda ser realizada por cualquier tipo de entidad privada y lucrativa.

Capaz de traicionar a España y al pueblo Saharaui después de "vender el Sáhara" con el reconocimiento de los caladeros marriquies y que supone la segunda traición a los saharauis desde el acuerdo de descolonización del Gobierno de Franco.

Capaz de aprobar con su voto una directiva en el parlamento europeo que permite una semana laboral de 60 a 65 horas.

Capaz de aprobar con sus votos en el parlamento Europeo una Directiva que someterá a miles de personas a cumplir entre 6 y 18 meses de detención por el simple hecho de no tener sus papeles, por simple orden administrativa y, sin haber cometido delito alguno. Con las nuevas medidas no sólo se podrá privar de libertad a personas adultas, sino que, atentando contra las declaraciones de Derechos Humanos y del niño, también se podrá retener a menores de edad no acompañados. los menores podrán ser, también, expulsados a terceros países (que no son ni los de origen). Luego castigados sin volver durante cinco años, porque nuestras grandes virtudes de europeos nos dictan que está mal que otros (otros igual a nosotros) quieran alcanzar una vida mejor.

Capaz de romper la solidaridad e igualdad de los ciudadanos españoles con sus apoyos a estatutos inconstitucionales.

Capaz de negar la exclusión del castellano en la enseñanza y organismos públicos en autonomías supuestamente bilingües. Capaz de permitir sanciones monetarias a los comercios y empresas privadas que rotulen sus negocios en castellanos, dentro de su propio país.

Capaz de negar la libertad de los ciudadanos de elegir la opción de en qué lengua quieren que sus hijos sean enseñados en la escuela. Y negar el derecho recogido en la declaración de los Derechos Humanos a la enseñanza en lengua materna.


Jefe Rojo

domingo, 13 de julio de 2008

El irracional lamento nacionalista













La victoria de la selección española de fútbol ha suscitado un sin fin de lamentos nacionalistas, no se explican de dónde salieron tantas banderas constitucionales en Cataluña entera y, sobretodo en Barcelona.

El 4 de julio en la playa del Bogatell, en el marco de las fiestas de la Vila Olímpica, la pregonera, Eva Fernández Lamela, antropóloga y presidenta de la FAVB (Federación de Asociaciones de Vecinos de Barcelona), dijo que “el día 29 [de junio], la victoria de la selección española fue la excusa perfecta para que todos los fachas de Barcelona salieran a la calle con sus banderas, haciendo exaltación de signos franquistas.” Insultando a todos los que celebramos el triunfo de España. Carmen López, una persona de izquierdas, se quedó tan parada como yo me quedé sin palabras, al leer su carta en el Periódico y, saber de las lamentables declaraciones de la presidenta de la FAVB :

La Federación de Barcelona de C’s respondió en su blog a su irracional opinión partidista que roza la estupidez absoluta para cualquier persona con dos dedos de frente.

Los devotos nacionalistas excluyentes se han rasgado las vestiduras y, mienten impotentes ante tanta celebración con inexistentes altercados cívicos. Excepto un pequeño conato en plaza España, generalmente, todo transcurrió de una manera pacifica y festiva, eso es lo qué yo viví esa noche en la que participé activamente en su celebración en la plaza de España. Voces histéricas en agencias de noticias sólo en catalán, hablan de la desproporcionada cifra de 200.000 euros de desperfectos en el mobiliario urbano y, fuera de sí y de toda razón, reclaman enfurecidos que paguen los que lo causaron, apuntando a cualquiera que enarbolara una bandera de España.

Un ciudadano de Hospitalet como nos ha ocurrido a muchos, se extraña de tanta animadversión patológica, personalmente, servidor, está seguro qué tanto despropósito es debido a tantos años de adoctrinamiento nazionalista en las escuelas, de tanta tergiversación de la historia pasada y reciente, de tanto odio suscitado a propósito, con el objetivo de acaparar y recoger el voto nacionalista, influyendo directamente en los sentimientos de las personas por políticos trepas e insensibles a los problemas reales de la ciudadanía, con la única motivación de llegar al poder y recaudar una buena fortuna.

¿La España rancia? Se pregunta este ciudadano hospitalense:

Carta publicada en el Periódico de Catalunya.

A raíz del triunfo de la selección española de fútbol en la Eurocopa se han producido una serie de reacciones en sectores nacionalistas catalanes y vascos, que manifiestan su mala sintonía o animadversión. Me llama poderosamente la atención el hecho de que hace dos años, cuando la selección de baloncesto conquistó el Mundial, no se produjeron este tipo de reacciones. ¿Por qué se sigue considerando aún a la selección de fútbol como un residuo de la España franquista?

Carlos Lázaro.
L´Hospitalet de Llobregat
.

Me fluyen en la mente más y diversos motivos para explicar semejante reacción irracional, pero juzguen ustedes mismos.

Javier Casas

viernes, 11 de julio de 2008

¡Socorro!

La federación de asociaciones de escritores Galeusca- que reúne a mediocres escritores en catalán, gallego y vasco ha sacado un comunicado sobre el Manifiesto de la lengua común en el qué se inventan cosas que el Manifiesto no dice, como que intenta anular esos idiomas, o qué dichas lenguas son oficiales en sus territorios como si el manifiesto lo negara, cosa que no hace, y aseguran que el castellano no está en peligro, omitiendo, qué ese no és el problema sino que no dejan estudiar a los alumnos castellanohablantes en su lengua materna.

La desfachatez manipuladora de estos nazionalistas periféricos no tiene limite ni vergüenza. Se tragan sus propias mentiras como si se las creyeran.

Felix de Azúa, los desenmascara en este magnifico artículo


















Félix de Azúa: ¡Socorro!

El título 'Manifiesto por la Lengua Común' no era del gusto de los nacionalistas, de modo que pasaron a llamarlo "Manifiesto en favor del castellano", frase que no figura en ningún lugar del mismo.


El pasado 23 de junio, Fernando Savater presentaba en buena compañía un Manifiesto por la lengua común. El título no ha sido citado en ninguno de los 800 artículos del Tambor del Bruc mediático que de inmediato se publicaron en la prensa catalana, la cual, naturalmente, tampoco reprodujo el texto. El título no era del gusto de los nacionalistas, de modo que pasaron a llamarlo "Manifiesto en favor del castellano", frase que no figura en ningún lugar ni forma parte del contenido, ya que el castellano no necesita de ningún favor, pero ¿qué más da? ¿Vamos a detenernos a pensar un poco, antes de cargar el trabuco y disparar a bulto cuando la Patria está en peligro? Todos los artículos venían a decir lo mismo, pero con algunos matices notables.

Los más delirantes no eran los viejos amigos del Avui o del Punt Diari, sino los desconocidos del ilegible diario Público, órgano del presidente del Gobierno central, o sea, del Estado. Titulaban a seis columnas: "El nacionalismo español hace de nuevo política con las lenguas". Los nacionalistas con mala conciencia siempre quieren que todo el mundo sea nacionalista para así quedarse más aliviados y compartir la culpa. Cree el ladrón... Para su desdicha, incluían en la doble página las estadísticas de la Generalitat sobre los usos del catalán y en ellas se afirma que más de la mitad de los catalanes prefiere como primera lengua el castellano. La humilde petición de que aquellos que lo deseen puedan usar su lengua materna en la educación, la Administración pública y la vida cotidiana sin que les caigan multazos o broncas, es "nacionalismo español" para los orgánicos de Zapatero. Tome nota.

Como movido por un resorte, el partido de los socialistas catalanes declaró pomposamente que el manifiesto era "innecesario". No aclaró su portavoz, Miquel Iceta, qué es lo que le parece necesario al PSC. Pocos días antes, la oposición en pleno le había preguntado por 5.000 millones de pesetas que se han esfumado persiguiendo a una almeja brillante. Tampoco entonces Iceta había considerado necesaria la pregunta. Lo que para el PSC sea necesario, es un arcano insondable. Los socialistas catalanes van aproximándose cada vez más a un modelo adorable, el de la corte de Catalina la Grande.

Ninguno de los 800 artículos antes mencionados hablaba del contenido del manifiesto, el cual se puede resumir del siguiente modo: si cualquier ciudadano catalán, como el actual presidente de la Generalitat, puede educar a sus hijos en alemán, en francés, en italiano o en inglés, ¿hay alguna razón para que no pueda educarlo en español? Y de haberla, ¿cuál es? La mentira oficial es que no hay problema para escolarizarse en español; la realidades que ni hablar del peluquín. Intente indagarlo. Chocará contra un muro de cemento. Se sentirá como alguien que quiera darse de baja de Telefónica. Acabará en el psiquiátrico.

Como, según el Tambor del Bruc mediático, el asunto del manifiesto no era el que acabo de exponer, los artículos se veían obligados a hablar de temas muy inspirados: la "supremacía del castellano", la "lengua del imperio", el "ataque contra el catalán...". Todo mentira, ¿pero de cuándo acá un nacionalista va a respetar la verdad? La verdad es, sencillamente, aquello que los nacionalistas decretan que es verdad. Y sólo es verdad lo que es bueno para Cataluña, siendo ese ente lo que en cada momento les conviene. Y punto, añade Catalina la Grande.

Había algo, sin embargo, más significativo si cabe. La mayoría de los artículos procedían al insulto, práctica española donde las haya cuando flaquean los argumentos: franquistas, fachas, españolistas ("de mierda"), imperialistas. Un Jordi Sánchez nos llamaba a los firmantes "miserables" en este mismo periódico porque nos negábamos a pagar su hipoteca. Algunos artículos eran deliciosos, como el de un profesor de la Universidad de Girona que exponía el punto de vista guipuzcoano: lo que hay que exigir, venía a decir, es que todos los españoles aprendan catalán. Un hombre generalmente moderado, Antoni Puigverd, aseguraba que el manifiesto rompía los últimos puentes entre Cataluña y España. Volveré sobre ello. No obstante, estos intelectuales olvidaban un detalle de cierta relevancia: todos sus artículos estaban escritos y publicados en español.

Los nacionalistas consideran indudable su derecho a escribir y publicar en la lengua que (dicen) está destruyendo al catalán. Creen tener derecho a suprimir de sus vidas el catalán y pasarse al español cuando les parezca oportuno, con el fin de insultar (y cobrar por ello) a unos ciudadanos que jamás han atacado el catalán ni perderán un minuto de sus vidas en semejante tontería. Así que estos pensadores nacionales pueden eliminar el catalán y hacer uso de la lengua asesina del catalán cuando les viene en gana y pueden poner en peligro la supervivencia de la lengua que dicen proteger, pero que unos ciudadanos pidan educar a sus hijos en la lengua que estos nacionalistas utilizan cuando les conviene, eso es fascismo, franquismo, imperialismo, y no es pederastia porque Dios no lo quiere. Si alguien entiende la ética de los nacionalistas, por favor, que escriba una tesis doctoral.

La traca final ha sido de lo más levantina. Animado por tan honradas huestes, el anciano Jordi Pujol ha cogido el alfanje. "[Pujol] llama a combatir 'sin miedo' la falta de respeto a Cataluña", según titulaba el diario de la burguesía catalana el 2 de julio. Lo de "sin miedo", entrecomillado por la redacción, pone los pelos de punta. El texto del patriarca es: "Combatir con decisión y confianza, sin miedo, y sin respeto para quien no nos respeta". A Pujol le animó mucho lo de las caricaturas de Mahoma: qué demonios, hay que hacerse respetar. A partir de su llamamiento a la guerra santa y conociendo de primera mano (y puño) a los cejijuntos y democráticos grupos de falangistas catalanes que suelen actuar en estos casos, los firmantes andamos escondiéndonos en las masías de recreo de algunos consellers y diputats solidarios. Sobre todo desde que Montilla ha decidido que incitamos a la "catalanofobia". No sus socios separatistas, no las juventudes de la "puta España", no Carod y Rubianes, no: el odio a Cataluña lo inducimos nosotros. Muy honesto.

Amigo Puigvert, si te lo permiten tus principios, deja abierto algún puente para que cuando lleguen los hijos de Bin Laden a quemarnos (vivos o en efigie), los cuatro gatos que aún nos tomamos en serio a este país podamos salir arreando hacia lugares más democráticos, menos violentos, más civilizados.

FELIX DE AZUA, escritor, es uno de los 18 firmantes iniciales del citado manifiesto.

10/07/2008 EL PAIS

miércoles, 18 de junio de 2008

A 60 años de una injusticia legalizada por la ONU




























He de confesar que no soy judeofobo ni nada de eso, al revés, me ha interesado y he admirado siempre la historia de la religión y del pueblo hebreo. Para mí, los sefarditas y los moriscos expulsados de la península Ibérica, son tan españoles como nosotros. No reconozco las naciones teocráticas ni creo que por ser de una religión uno deba constituir una nación basada en sus escrituras sagradas o no sagradas, cómo así hicieron Isabel y Fernando, fundando la monarquía española con la unión de Aragón y Castilla, formando un Estado Católico fundamentalista, causa, de estas expulsiones. También se ha de tener en cuenta, qué aquella, era otra época, y que ahora, estamos hablando del siglo XX. Sólo me limito a los hechos y acontecimientos, a la razón pura, a la lógica, el sentido común, y a los derechos humanos, con la creencia de que todos somos habitantes de un planeta llamado Tierra, por lo cual, todos somos hermanos ciudadanos, negros, blancos, amarillos o verdes.

Después de los hechos consumados es difícil volver atrás pero con voluntad de sincera paz por ambas partes, tal vez, se podrá algún día parar esta espiral de violencia en la que está sumida Palestina, y lograr que ese cáncer dónde se cultiva el más férreo terrorismo usado por todos los que les interesa mantener esta situación, se extirpe.


















El 14 de mayo se cumplieron 60 años de la fundación del Estado de Israel, basado en una resolución de la ONU de 1947, ocupando el 55% del territorio del entonces Mandato Británico en Palestina.

Ese día, se conmemora también la mayor injusticia de la época contemporánea hasta ahora conocida, permitida por lo que se suponía países democráticos civilizados.

Se conmemora el inicio del llamado problema árabe y su evolución en un fundamentalismo islámico asesino, donde se asienta uno de los más importantes caldos de cultivo de los nuevos terroristas islámicos qué padecemos hoy en día.

Se conmemora qué el Mossad, después de múltiples actos terroristas se gane el derecho a que la ONU les permita echar a los palestinos y crear allí, el estado de Israel.

Se conmemora, la mayor vergüenza realizada por el género humano, con un simulacro de legalidad en la ONU, manipulada por países democráticos y, en teoría, civilizados.

Téngase en cuenta que la existencia del régimen Nazi en Alemania no lo incluyo como país democrático, ni civilizado. El Holocausto nazi fue demencial e inhumano, realizado por un régimen totalitario y racista.

La ONU legitimó que un grupo político (Sionistas) que empezó a concretarse a partir de 1860, consiguiera un estado artificial a base de terrorismo con un brazo armado ejecutor. El Mossad.

El Mossad asesinó a británicos y árabes indiscriminadamente con el propósito de conseguir sus fines, la creación de una Nación Hebrea Sionista llamada, Israel, en un territorio, Palestina, que no era "una tierra sin pueblo" sino la tierra histórica de los árabes palestinos, dentro de la cual había convivido en paz, por muchos siglos, una minoría de judíos de origen árabe.

Para conseguir esa tierra que reivindicaron como suya, los sionistas, argumentaron que Yahvé (Dios) les dió esa tierra y qué hubo un estado de Israel hace 2000 años. No dudaron en chantajear a la comunidad internacional con la amenaza de sacrificar si fuera necesario a Seiscientos once jóvenes judíos sobrevivientes del holocausto, embarcados en un barco de carga, el Éxodo, frente a Chipre, imponiéndoles una huelga de hambre primero y, más tarde, predisponiendo a 11 de sus refugiados al suicidio si no eran atendidas sus demandas: llegar a Haifa y crear el estado de Israel.

Bajo éste mismo argumento que esgrimen los sionistas, los Andalusís, de Al- Ándalus, tendrían todo el derecho de reclamar parte del territorio que hoy és Andalucía, total, sólo hace 500 años que fueron expulsados de Al- Andalus.

Bajo éste mismo argumentos, los palestinos árabes de hoy en día, tendrían todo el derecho a esperar que algún día recuperen su territorio, pues, sólo hace 60 años que fueron obligados a emigrar, ya qué los Sionistas lo han conseguido después de 2000 años.

La leyenda creada por el sionismo afirma que allí se unieron "un pueblo sin tierra" (los judíos) con una "tierra sin pueblo" (Palestina).

Los sionistas, no tienen en cuenta con alevosía y premeditación qué los Pueblos musulmanes no reconocían estados, más que el mismo Islam, el de todos sus creyentes, según su libro sagrado el Corán, como ellos, los Judíos, qué sólo reconocen su Torá, y basado en su Torá reivindicaron Palestina después de 2000 años, y lo incongruente es que se la dieron, cómo si alguien tuviera derecho a decidir semejante cosa, cosa, por otra parte, que ni Dios, tiene derecho a decidir. Vamos, cómo si sólo hiciera 60 años que empezaron su diáspora, cómo si durante 2000 años nadie hubiera habitado esos parajes.

La realidad, sin embargo, fue bien diferente. La organización sionista mundial y las potencias imperialistas (EE.UU. e Inglaterra), con el aval de la burocracia estalinista gobernante en la ex URSS, utilizaron como excusa el drama de los miles de refugiados judíos europeos, brutalmente perseguidos por el nazismo, para trasladar una parte de ellos hacia Palestina, de modo totalmente artificial y con mucho respaldo financiero. Quitándosen, así, los gobiernos aliados o no aliados la responsabilidad de dar refugio, sanidad y vivienda a todos las personas de ésta religión en sus países de origen, ya fueran de Alemania, Rusia, Polonia, o etc.

Fue notorio el apoyo que este proyecto tuvo por parte de varios millonarios judíos europeos, como los banqueros Rothschild. La resolución de la ONU legalizó esta usurpación.

Con palabras de mi admirado Antonio Gala, hoy en día, Israel no puede vivir de una renta de muertos mientras mata. Y menos imponerse y luchar, con la memoria en su holocausto, a la vez que provoca otro semejante -así expresamente llamado- en su terreno.


Javier Casas

domingo, 25 de mayo de 2008

La patria cultural excluyente resurge



















Parla amb llibertart ……. Pero eso sí, que no se te olvide,
parla en catalá…………. Oh, atente a las consecuencias


La GESTAPO lingüística.


jueves, 3 de abril de 2008

Los favores se pagan: Montilla subvencionó a los diarios catalanes con 17,5 millones de euros en 2007





¡¡¡Lari, Lara, larí, lará, laríiiiiiii, Larí, Laraaaaaaaa !!!!!!

Hombre, a ver, Lara, si te quedas, por toda la barba, con el petardo ese del Avui, es lógico que tu ADN pues tenga su ayudita. Cómo para esperar que el PP saque algún día los pies de las alforjas catalanas. Todo está atado y bien atado. Esta Brunete Mediática catalana es un fortín infranqueable.

El Confidencial - 03/04/2008 06:00h

Favor con favor se paga. Según datos oficiales del Diario Oficial de la Generalitat de Cataluña, José Montilla ha destinado 17.631.657 euros en subvenciones a los medios de comunicación durante el año pasado. Esta cifra supone un aumento de un 70% respecto a lo que recibieron en 2006 (10,9 millones de euros) y un 123% en relación a 2005 (7,9 millones).
La finalidad de estas ayudas resulta, como poco, cuestionable. Un estudio pormenorizado de las subvenciones aporta algunas noticias curiosas, como por ejemplo el hecho de que la web http://www.patatabrava.com/, que tiene como finalidad "ayudar a los estudiantes a sobrevivir a la dura vida de la universidad, con aquel punto picante que sólo tiene la salsa brava", recibiera 10.277 euros.
Más allá de estos casos, más o menos anecdóticos, la parte del león se la llevan lógicamente los grandes diarios, pero no siempre por motivos previsibles. Así, La Vanguardia, El País y el Periódico de Cataluña han recibido sólo en concepto de "subvención a entidades locales que programen actividades culturales relacionadas con la cultura popular y tradicional catalana durante el año 2007" la cantidad de 100.000 euros cada uno.
Nada que ver, en cualquier caso, con las magnitudes más importantes: el Periódico de Cataluña, que tiene una doble edición (catalán y castellano), ha recibido 1.263.438 euros, aparte de los 100.000 mencionados antes; le sigue el diario Avui, con 535.182 euros, de los que 275.262 millones se justifican por la puesta en marcha de una página web. La Vanguardia se ha quedado con 474.120 euros (a los que habría que sumar los 100.000 euros de los actos culturales comentados anteriormente), por lo que no es extraño que ya proyecte sacar una edición en catalán y aspirar a las mismas subvenciones que su rival El Periódico; El Punt (edición papel), periódico gerundense de referencia, 399.120 euros; El País, 339.160, y el diario gratuito ADN, de Planeta, 299.160 euros.
Internet también da para mucho: por ejemplo, la versión digital de El Punt ha recibido en este generoso reparto 276.198 euros. En este caso, no deja de resultar llamativo que no tenga web propia, porque su consulta debe realizarse a través de http://www.vilaweb.cat/. Pero Vilaweb, por su parte, también ha recibido otras subvenciones, en concreto 99.960 euros concedidos para una finalidad tan genérica como "mejoras en la redacción".
No son los únicos, claro: el diario Nació Digital se ha llevado 49.920 euros, para su consolidación; Catalonia Today, un semanal en papel, en el que participa El Punt, que malvive en kioskos, ha conseguido 49.080 euros; el Singular, que no tiene ni un año de existencia, 60.000; El Debat, 49.000, el e-notícies, 60.000, etc.
En este reparto de ayudas, los diarios comarcales no han salido mal librados: el Segre (Lleida), 184.089 euros; Diari de Girona, 136.337 euros; Regió 7 (Bages-Manresa), 113.517 euros; Diari de Tarragona, 99.960 euros y La Mañana de Lleida, 49.080 euros.

Lluvia de dinero público

El dinero ha llegado no sólo a las empresas editoriales sino también a las asociaciones que teóricamente las representan: a la Associació Catalana de Premsa i Comunicació Jove ,que quiere "reavivar el periodismo alternativo", se le ha otorgado una subvención de 90.000 euros, más que al Colegio de Periodistas, 20.000. En el exterior de Catalunya, la Associació de Premsa Forana de Mallorca obtuvo 34.320 euros.
Si uno tiene la paciencia de desgranar las 93 páginas del Diari Oficial de la Generalitat donde se desglosan las ayudas y tiene un cierto conocimiento de los nombres de las editoriales se encuentran con que el ya mencionado El Punt ha recibido en realidad mucho más dinero, porque la empresa Comercialitzadora i Editora Coordinadora Mitjans S.L. ha sido agraciada con una subvención de 599.160 euros, para ... "consolidar" El 9 Esportiu, una publicación que difícil trayectoria y que se entrega encartada en El Punt. Editorial de Periodistes ha recibido 124.440 euros para un proyecto de redefinición del semanario El Triangle. El grupo Sapiens (próximo a ERC) ha estado muy bien dotado como también como también el grupo Comunicació 21 (próximo a los socialistas) que ha recibido subvenciones en torno a 400.000 euros por muy diversos conceptos (Premsa Barcelona, Grup Comunicació 21, revista Benzina...).
Fuera de Catalunya, el editor valenciano Eliseu Climent se ha beneficiado con 142.000 euros y el editor del mallorquín Última Hora, Pedro Serra, ha recibido 49.080 euros. Un apunte curioso: este editor fue el que apoyó el tema de Joan Puig (ERC) cuando entró en la piscina de Pedro J. Ramírez.

jueves, 28 de febrero de 2008

Entrevista a Félix Ovejero



Félix Ovejero, uno de los inspiradores de Ciudadanos, considera que el hecho de compartir una identidad no otorga soberanía ya que esto supondría un constante chantaje a la democracia

Pep Mir - Maó

Ciudadanos. Partido de la Ciudadanía concurre por primera vez a unas elecciones generales. Uno de sus impulsores e inspiradores es Félix Ovejero, doctor de Metodología de las Ciencias Sociales y profesor de la Universidad de Barcelona, que ayer fue el protagonista del Foro ICM. Se trata de un reconocido escritor, pensador y articulista.

Su conferencia se titula "Nacionalismo y pensamiento progresista". ¿Cuál es la relación entre ambos?

Son opuestos. Si el progresismo se configura como una herencia de la Ilustración, de la idea de
ciudadanía según la cual todos los ciudadanos son iguales en libertades y derechos, el nacionalismo se asienta en la idea de que hay unos ciudadanos que participan de una identidad especial, que en algún sentido son mejores que los otros. De aquí cuando se llama anticatalán al rival político, como queriéndolo excluir.

¿El nacionalismo es conservador?

Sí, es constitutivamente conservador. Consiste en cimentar la convivencia política en la tiranía de los orígenes.

¿Es ilegítimo que un grupo de personas quiera vivir bajo una misma identidad en condiciones de igualdad con las otras?

Pero es que el nacionalismo no es que uno quiera vivir bajo una identidad, sino que quiere que el conjunto de la comunidad política viva bajo la identidad que él atribuye al conjunto. Cada uno tiene su identidad, que por lo general es reconstruida. Los nacionalistas existen antes que la nación, inventan la nación, se inventan un mito. En lugar de cimentarla en derechos, libertades, justicia...

¿Y esto es igual en todas partes?

Sí, en lo esencial es lo mismo.

¿Cómo hay que organizarse? ¿El sistema de estados se da por bueno?

Sólo con la idea republicana en el sentido francés, con un conjunto de ciudadanos que se comprometen mutuamente a una serie de derechos y libertades, sin otras exigencias de identidades culturales. Sólo con el sometimiento a una ley que es el resultado de un proceso democrático, y a partir de aquí no hay nadie por delante de nadie. Sin requisitos de identidad.

¿Ve bien el proyecto europeísta?

Sí, siempre que no se trate de inventarse también una hipotética identidad, por ejemplo relacionada con el cristianismo. Hay que sopesarlo desde la racionalidad y la igualdad de los ciudadanos.

Ha empezado la campaña. ¿Uno de los objetivos para Ciudadanos es que se les vea como algo más que antinacionalistas?

Recuperar el núcleo antinacionalista es volver al sentido inaugural de la comunidad política. Y esto es un mensaje progresista, de centro-izquierda o izquierda. Sin distinciones por rasgos arbitrarios como la identidad cultural. Algo como el sentido común es un proyecto compatible con todos. Y Ciudadanos es algo más, pero ésta es una batalla tan urgente y tan atosigante que es la que está en la agenda política de una forma más inmediata.

Y simplificando más, a veces la batalla se limita a la lengua, ¿no?

Lo que sucede es que el nacionalismo construye una mitología según la cual la lengua proporciona una identidad, y éste es el sentimiento de la comuni dad política, y la comunidad política se vuelve soberana porque participa de esta identidad. Esto es insostenible, porque participar de una identidad no te da soberanía política. Las mujeres tienen un sentimiento de identidad reconocible. Y no por esto son una unidad de decisión política. Por otra parte, las dos ciudades de España con más identidad mirando los apellidos son Lugo y Huesca, y Barcelona es la segunda ciudad más española, es la síntesis de las gentes que han llegada de mil sitios. García es el apellido más común en todas las comarcas de Cataluña. Entonces, ¿qué es la identidad?

¿Un referéndum sobre la independencia aclararía las cosas?

Y si un barrio de ricos quiere jugar aparte si no se hacen las cosas como ellos quieren, ¿qué? Esto sería un permanente chantaje a la democracia. La democracia es que todos nos sometemos a las leyes discutidas democráticamente. Y una vez hecho el referéndum en Cataluña, la mayoría de ciudadanos de Barcelona querría ir con España. ¿Entonces hacemos otro? El que pierde también puede pedir el derecho a la autodeterminación. Si la adscripción es voluntaria...

Volviendo a la campaña. ¿Más bipolarizada que nunca?

A pesar de que el mensaje de Ciudadanos es el más cabal, no podemos ignorar que el mercado político tiene barreras de entrada. Hay que tener recursos para estar presente. Se depende mucho del marqueting. El proyecto de Ciudadanos se va a un terreno común que PP y PSOE deberían buscar, y ojalá lo buscaran entre ellos. Ciudadanos estaría encantado de desaparecer si lo hicieran.

¿Quien prefiere que gane?

Cualquiera que esté dispuesto a suscribir este proyecto, que quiera participar de un pacto nacional en cuestiones básicas como la política antiterrorista y la estructura del estado. Aunque tampoco soy portavoz de Ciudadanos. Sólo soy fundador y simpatizante.

¿Qué opina del primer debate?

Los proyectos económicos no se diferencian mucho. La intervención de Solbes no muy favorable a bajar los impuestos no casa mucho con las ofertas electorales realizadas hasta ahora por su partido. Son etiquetas para su clientela.

Pero las etiquetas funcionan.

Las etiquetas arrastran. La izquierda se ha convertido en una serie de tópicos sin sustancia.

Y mucho voto fiel.

Más en el PP, que no quiere agitar mucho porque hay un activo de izquierdas que está escéptico y no quiere participar.

Es comprensible la abstención

Mientras no haya un partido como nosotros consolidado, que tense al PSOE hacia una vocación no nacionalista, se puede entender que haya quien no quiera votar. Ciudadanos cubre este hueco, pero su proyección en estos momentos es la que es.

28 febrero 2008, Mahó, Félix Ovejero Lucas

domingo, 10 de febrero de 2008

Continúa el acoso fascista hacia la izquierda no nacionalista



La conferencia que daba Antonio Robles sobre Educación en la Biblioteca Central de Terrassa se vio interrumpida por la irrupción de fascistas con sus banderas. Antonio Robles continúo la conferencia. En la salida se produjeron algunos enfrentamientos verbales.

domingo, 27 de enero de 2008

Joaquín Leguina. Destino: Yugoslavia



El acuerdo político entre nacionalistas (Galeuscat: gallegos, vascos y catalanes) que el lehendakari, Juan José Ibarretxe y Artur Mas recitaron a dúo el pasado 17 de enero, con la vista puesta en las próximas elecciones generales, es apenas el aperitivo de una estrategia separatista que se esconde detrás de un eufemismo: "El derecho a decidir". De eso habló el lehendakari Ibarretxe en Barcelona ante la Plataforma PDD (¡ojo al parche!) "Plataforma por el Derecho a Decidir", organizador: Círculo de Estudios Soberanistas. ¿A dónde quieren llevarnos éstos?, sería la pregunta más pertinente. Destino: Yugoslavia, sería la respuesta.

Sin embargo, hay esperanza, porque el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero sostiene (13-I-2008) que Cataluña no es una nación: "El Estatuto Catalán lo único que enuncia —en su preámbulo— es que el Parlamento catalán ha dicho que Cataluña es una nación, pero no reconoce a Cataluña como nación", para añadir tímidamente: "constitucionalmente parece que el término nación está reservado a España". Desde su rebosante optimismo, Zapatero continúa: "Yo creo que (el Estatuto de Cataluña) fue un acuerdo muy acertado, porque fue pacificador". ¿Pacificador? Sorpresa en el auditorio.

En cualquier caso, las elecciones debieran servir para aclarar el galimatías nacional y, si parece que la palabra nación sólo es aplicable a España, bueno sería que lo supieran los de Galeuscat. ¿De qué manera? Mediante un acuerdo entre los grandes partidos que deje definitivamente claro que con estas cosas no se juega.

Que la Constitución no es una goma de elasticidad infinita y —de paso— que a ese Círculo de Estudios Soberanistas se le subvencione para que se instale definitivamente en Yugoslavia, donde podrá realizar varios e interesantes trabajos de campo.

A ver si, de una vez, nos ponemos socráticos y entendemos que toda persona que trabaje en política para promover el conflicto en su propio beneficio o en el beneficio de los suyos no es verdaderamente un político, sino un delincuente habitual.
Joaquín Leguina

martes, 15 de enero de 2008

Vota, Cromagnon





La izquierda republicana de ERC se traduce en algo parecido al
seudonacionalsocialismo…. de momento. Su política segregacionista, así, lo manifiesta, y en sus eslóganes en campañas electorales hasta el día de hoy, así, lo confirman. No se cortan un pelo en sacar todo su caduco patrioterismo a la luz del día, otorgándosen ellos mismos el privilegio de poder ser patriotas mientras niegan el de los demás. ¿Qué pasaría si estos eslóganes los pronunciara un partido español?.

Dudo mucho que en ERC sean de izquierda, pero, sí que son radicales, que sean radicales no es malo ni bueno. En todo caso, lo son en la defensa de algo que yo no creo: la Patria

Patriotes com tú.

D'esquerres i catalanistes com tú.

Som una Nacido.

Som com som-.

La pena, es ver cómo nos quejamos todos, que somos muy progres, de lo patéticamente patrioteros que son en EE.UU., y luego nadie abre la boca ante la propaganda electoral de ERC. ¡De vedad, qué pena!

¿Que pondrá ERC en sus eslóganes en estas elecciones generales de marzo? ¿Se quejarán de los intrusos?. Ya veo su eslogan pintado en todas las paredes urbanas de la patria, con un mensaje claro…. y nacionalista.

Esta vez, tampoco cambia nada,…. ya tienen eslogan:

Objectiu: un país de 1ª (per aixó volem la independéncia)
























martes, 8 de enero de 2008

Mienten Como bellacos







El Govern de la Generalitat no escondió su desprecio absoluto a los 50.000 firmantes (entre los que me incluyo) de la Iniciativa Legislativa Popular para la enseñanza en lengua materna y el bilingüismo en las escuelas catalanas.

El desprecio a la sociedad civil catalana por parte de sus Políticos es abrumador. Antonio Robles en una intervención colosal en el Parlament llena de razones, rabia contenida e indignación, les dice la verdad con mayúsculas; MIENTEN. Le faltó acabar la frase y concluir con un, MIENTEN COMO BELLACOS, bellacos que son, del Poder.

Les cuelgo el video para que disfruten de lo que antes era impensable, poder razonar en el Parlament de una manera políticamente incorrecta, y en castellano.










El despotismo con que deciden cualquier tema que afecte a la sociedad civil es indignante y provocador: 80 Km hora, trazado AVE, Inmersión lingüística, normas ciudadanas abusivas, el afán por recaudar , oficinas de delación lingüísticas, Carnet de integración por puntos, adoctrinamiento en las escuelas, segregación de los niños inmigrantes que vienen de Hispanoamérica sabiendo como saben uno de los dos idiomas oficiales comunes en Cataluña, control audiovisual, subvenciones para tapar bocas o pedir votos, el derroche de nuestros impuestos en crear embajadas o para fomentar la idea de una patria catalana oprimida, intrusión en la vida privada. Y la acción más tremenda: sacarse un estatut de la chistera que según las encuestas sólo un 5% de los ciudadanos de Cataluña pidieron un estatut, mientras que un 90% de los políticos catalanes (la nueva clase social rica) lo impusieron para perpetuarse a si mismos en el poder alimentando el sentimiento nacionalista entre los ciudadanos que sean potencialmente receptores.

Me pregunto : ¿seguiremos poniendo el…… la otra mejilla? o ¿sacaremos el catalá enganyat que llevamos dentro del armario y dejaremos de votar a la izquierda nacionalista representada por el PSC e IC, o al nacionalismo transversal de CiU?.

Ahora hay una alternativa a esa seudo-izquierda burguesa deshonrosamente nacionalizada en nombre del socialismo. Y se llama Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía C-PC
Javier Casas

miércoles, 12 de diciembre de 2007

La patria gutural


Hay indicios crecientes de que el patriotismo extremo conduce a las afecciones de garganta y a un incremento peligroso de la tensión arterial, así como a la recuperación de impulsos ancestrales tan nobles como el escrutinio de la limpieza de sangre y las hogueras purificadoras. El patriota enronquece al manifestar la vehemencia de sus sentimientos, y las palabras brotan de sus cuerdas vocales más como interjecciones, rugidos o gruñidos que como sonidos inteligibles. La pasión le enrojece la cara y le hincha las venas del cuello, con el consiguiente peligro de trombosis o de infarto cerebral. Tuve ocasión de observar de cerca estos síntomas hace ya más de un cuarto de siglo, cuando servía a la patria en mi calidad de soldado de reemplazo, y también cuando tenía la mala fortuna de presenciar alguna concentración de extrema derecha, en aquellos tiempos poco idílicos que vinieron antes e inmediatamente después del intento de golpe de Estado de Tejero. En los cuarteles había algunos mandos modernos y muchos otros acomodaticios, y unos cuantos, temibles, que cultivaban la oratoria del patriotismo gutural. En sus gargantas, la palabra España sonaba como un disparo seco de fusil, casi siempre acompañada de vivas y mueras; se les hinchaban mucho las venas del cuello, y en su vocabulario abundaban palabras como traidor, cobarde, etc. La patria era una cuestión glandular: su órgano rector no estaba situado en el cerebro o en el interior del pecho, sino un poco más abajo, en la entrepierna hipertrófica, que era también la que regía ese mérito inexcusable del patriota, el coraje físico, o, para ser más precisos, aunque algo más crudos, los cojones. La patria de aquella gente estaba definida no por el censo de los compatriotas a los que acogía, sino por los que expulsaba, por los que aniquilaba con sólo mencionarlos. El viva ronco a la patria casi nunca era tan apasionado como el muera con que se fulminaba a sus enemigos, o, peor aún, a los tibios que no la sentían con la debida vehemencia, por no hablar de los traidores que llevándola en la sangre abjuraban de ella.

Al cabo de casi treinta años, de aquellos patriotas genitales, con o sin camisas azules, con o sin uniforme, quedan algunos espectros dispersos que se aparecen en lugares señalados en torno al 20 de noviembre. En cuanto al ejército en el que tantas esperanzas tenían, se ha civilizado acatando escrupulosamente la autoridad civil, y cumpliendo por el mundo misiones de paz y de sustento de la democracia que merecerían más publicidad y gratitud de las que reciben, y que no dejan de asombrarnos a quienes conocimos por dentro aquella institución ineficiente y lóbrega heredada del franquismo.

Los militares se han civilizado, en el sentido literal de la palabra, a lo largo de los últimos veinticinco años, pero en ese mismo tiempo, un número creciente de civiles se han embrutecido. Ahora, el patriotismo extremo no está en aquellas juras de bandera en las que el coronel del regimiento nos alentaba a dar la vida heroicamente por España, posibilidad dudosa si se miraba a corta distancia a los reclutas muertos de aburrimiento, armados con fusiles viejos y vestidos con uniformes no muy limpios que nutríamos las filas de la leva forzosa. Lo he vuelto a ver, no sin estremecerme, en esas imágenes ahora tan frecuentes de la televisión que muestran a los patriotas desatados en Cataluña y en el País Vasco, los que gritaban detrás de livianas vallas de seguridad durante la ofrenda floral del 11 de septiembre en Barcelona o los que acosaban a esa alcaldesa de una aldea vizcaína que ha tenido la singular audacia de cumplir la ley. Otras veces, es verdad, los he visto en persona, y mucho más de cerca. El año pasado, en la plaza de Sant Jaume, manifestaban su indignación por la presencia en Barcelona de mi mujer, Elvira Lindo, y colateralmente la mía, llamándonos asesinos y españoles, y sugiriéndonos la conveniencia de regresar a África, y repitiendo un eslogan que aún hoy me causa cierta intriga: "Bilingüismo es fascismo".

Para un experto en padecer como un escalofrío literal en la nuca la proximidad de los patriotas terminales, me temo que los signos son inequívocos: la cara enrojecida, la hinchazón de las venas del cuello, las gargantas rasposas como lija después de un esfuerzo sin duda heroico pero también agotador emitiendo interjecciones, amenazas, insultos y anatemas, vivas y mueras. Los patriotas catalanes del once de septiembre, tempestuosos de banderas y enrojecidos por el entusiasmo y por el sol detrás de las vallas que contenían con dificultad su bravura, me recordaron a los que vi aclamar hace muchos años al general Franco en el paseo de la Castellana, hacia 1970, en mi primer viaje a Madrid.

Qué miedo daban. Qué miedo dan éstos. Se me dirá que no es igual aclamar a Franco que a ese actor moderno que al parecer es la estrella más reciente de la soberanía catalana, dar vivas a "Catalunya lliure" o a "Euskadi Askatuta" que a España una, grande y, qué coincidencia, libre. Sinceramente, aparte del vestuario, no veo grandes diferencias. (Imagino, por cierto, que ese actor llevará su coherencia al extremo de no aceptar papeles o remuneraciones que procedan del país opresor). El ronco patriotismo español que padecí durante la primera parte de mi vida se había construido sobre la negación política, cultural y física de los considerados enemigos, de los tibios y de los traidores. Ahora leo en un ilustrado manifiesto catalán que quien no esté de acuerdo con no sé qué afirmaciones patrióticas es "un traidor, un cobarde o un español". Gran adelanto. Las patrias guturales se construyen mediante la adhesión fervorosa, la acomodación y el sometimiento, pero también exigen la limpieza de sangre y la expulsión o la huida de los que no encajan. A uno lo invitan a marcharse, o le hacen la vida cada vez más difícil, o se la hacen del todo imposible mediante el procedimiento extremo de arrebatársela, que es además una excelente medida disuasoria, pues casi todo el mundo, sin necesidad de ser cobarde, español o traidor, ama la vida más que la libertad, y prefiere el silencio o la simulación al destierro.

El patriota necesita traidores y enemigos igual que el inquisidor necesita herejes, y los dos desarrollan una curiosa inclinación por los autos de fe. Nada purifica como el fuego. Los quemadores de banderas y los quemadores de efigies arman sus hogueras entre la aclamación bárbara de sus feligresías, y las diferencias circunstanciales son mucho menos reveladoras que las similitudes, que la terrible fuerza de los símbolos. Quien quema una bandera o un retrato o quien ruge ante las llamas está complaciéndose en el instinto arcaico de un fuego que elimine al adversario y restablezca una pureza siniestra sobre las cenizas. Dicen que cuando Freud supo, aún en su despacho de Viena, que en Alemania los nazis estaban quemando sus libros, comentó secamente: "Vamos progresando. En la Edad Media me habrían quemado a mí". Pero si no lo quemaron a él, como a varios millones de sus semejantes, fue porque había huido antes de que el gran incendio que había comenzado con los libros consumiera a muchos millones de seres humanos.

No hago abusivas comparaciones históricas: digo que cuando se apela al fuego, al rugido y al anatema, la consistencia frágil de la civilización se está debilitando, y con ella el pluralismo que es su valor más preciado, y que no subsiste bajo la coacción. Digo también que quien ruge un "muera" está deseando de verdad la muerte de otro, y que quien envía un anónimo con la foto de una cabeza atravesada por una bala está alentando el asesinato y confiando al terror la tarea desagradable de limpiarle la patria de traidores y cobardes, es decir, supongo, de españoles. Y también digo que un indicio de la confusión ideológica que reina en España es que a esa gente se la considere de izquierdas.

Que la condición nacional o el origen de una persona sean en sí mismo los peores insultos es otro rasgo que distingue a los grandes patriotas. Bien mirado, casi es un refinamiento: no hace falta que te llamen "negro asqueroso", "cerdo judío", "moro de mierda", "español cabrón", porque eso implicaría no sólo un mayor esfuerzo verbal, sino también el reconocimiento de que puede haber negros limpios, judíos decentes, moros respetables, españoles bondadosos.

Cuando mi mujer y yo escuchábamos que se nos llamaba españoles y se nos alentaba a volver a África, personas educadas y afables nos animaban a no hacer caso de aquellos patriotas, diciéndonos que eran "cuatro gatos" (si bien habían considerado conveniente que pasáramos delante de ellos en un coche con los cristales ahumados, no fueran a arañarnos). Algo así viene a decir Rosa Montero en un artículo reciente, en el que descarta como gamberros a quienes quemaron con tanto jolgorio las fotos de los Reyes, y lo mismo hemos escuchado cuando en el País Vasco se habla de esa chusma que incendia autobuses y cajeros automáticos o que no deja vivir a un pobre concejal de pueblo: cuatro gatos, unos gamberros, los de siempre, una minoría de exaltados. Esa disculpa de la irrelevancia de los bárbaros le viene bien a una clase intelectual que debería ser la primera en avisar del peligro y tiene así una coartada para mirar hacia otro lado ahorrándose incomodidades y molestias, al menos a corto plazo. ¿Desde cuándo hace falta una mayoría para sembrar el miedo y amputar las libertades, para amargarle la vida a las personas decentes, incluso para quitársela a alguna de ellas? Los patriotas guturales no necesitan ser muchos para imponer su ley, porque a la mayor parte de nosotros la violencia física nos amedrenta enseguida. Por eso han sido siempre la clase de tropa y, en caso necesario, la carne de cañón que echan por delante quienes se benefician de su bravura patriótica con el ánimo sereno y las manos limpias, quienes construyen sus hegemonías políticas y sus estupendos negocios sobre la brutalidad chantajista de unos cuantos y la conformidad interesada, la indiferencia o la claudicación civil de la mayoría. La patria gutural y la democracia son incompatibles, como sabemos bien quienes crecimos sufriendo la primera y deseando que llegara la segunda. Lo que está en juego ahora mismo en los territorios donde más rugen los patriotas no es tanto la integridad o la dispersión del país, sino la supervivencia misma de las libertades.


ANTONIO MUÑOZ MOLINA (EL PAÍS, 01/10/07)