viernes, 13 de junio de 2008

Por una selectividad bilingüe



C's pone en marcha una campaña durante las pruebas de acceso a la universidad en Cataluña para recordar a los estudiantes su derecho a examinarse en catalán o castallano.

Con motivo de la celebración de las Pruebas de Acceso a la Universidad (PAU) en Cataluña , la Agrupación de Jóvenes de Ciudadanos - Partido de la Ciudadanía (C's) ha lanzado una campaña de reparto de folletos y asesoramiento para informar a los estudiantes que se han examinado estos días de su derecho de obtener los enunciados y responder a los exámenes en cualquiera de las lenguas oficiales en Cataluña, el castellano y el catalán. Un derecho que debería ser protegido por la Generalitat, pero que resulta sistemáticamente silenciado, negado o pervertido, año tras año, por la administración autonómica. La campaña de los jóvenes de C's se suma a una iniciativa de su Grupo Parlamentario, que reclamaba a la Generalitat facilitar en todos los tribunales de las PAU copias de los exámenes en ambas lenguas y hacer plenamente efectivo el derecho de opción lingüística.

C's reivindica así el valor del bilingüismo y protesta contra la política regresiva, excluyente y monolingüe de la Generalitat, que apuesta una vez más su proyecto de construcción "nacional" y marginación del castellano aunque ello vaya en detrimento de los derechos, la igualdad y las oportunidades de futuro de los estudiantes catalanes.

Los folletos se han repartido en los principales campus universitarios de la provincia de Barcelona, entre ellos los Campus Norte y Sur de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC), las facultades de la Av. Diagonal de la UB, el campus de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y en la Escuela Universitaria del Maresme, adherida a la Universidad Pompeu Fabra (UPF).

martes, 10 de junio de 2008

La Europa del bienestar se carga la Jornada laboral de ocho horas



















La UE aprueba la directiva que permite una semana laboral de 60 horas


Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía se opone frontalmente a la directiva europea que amplia la semana laboral a 65 horas.


Cs quiere también poner de manifiesto la incongruencia que supone pretender aumentar las horas de trabajo al tiempo que aumenta el número de parados.



Dicha directiva supone un retroceso en el camino de mejora de los derechos laborales y un ataque del espacio de progreso y bienestar que supone Europa hoy en día.

Permitir, como establece la directiva, que los trabajadores y los empresarios alcancen acuerdos individuales sobre la duración de la jornada, es dinamitar uno de los pilares del derecho laboral en muchos países europeos, que ha intentando regular la relación entre los trabajadores y los empresarios para impedir el establecimiento de condiciones abusivas de estos últimos.

La aplicación de la directiva imposibilitaría la conciliación entre la vida laboral y familiar y devolvería al trabajador a una situación de precariedad, donde no trabajaría para vivir sino que viviría para trabajar.

Ciudadanos-Partido de la ciudadanía quiere también poner de manifiesto la incongruencia que supone pretender aumentar las horas de trabajo al tiempo que aumenta el número de parados.

Por todo ello, Ciudadanos se sitúa al lado de quienes defienden los derechos de los trabajadores y apoyará cualquier iniciativa, institucional o social, que frene la aprobación por el Parlamento Europeo de esta medida.

domingo, 8 de junio de 2008

CONCLUSIÓN Y CIERRE

Con este post se acaba la transcripción de la conferencia que dio, Juan Antonio Cordero, en el ciclo de conferencias que organizó Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía en el Centro Cívico “Pati Llimona” (Barcelona), 23 de Abril de 2007.



Al iniciar esta conferencia, planteaba algunas preguntas al hilo del tema central de esta tarde, con la intención de presentar a lo largo de mi intervención algunas ideas que pudieran servir de respuesta, o de aproximación a la respuesta. Haciendo un brevísimo repaso ahora, hemos identificado la izquierda como la aspiración por una sociedad de personas igualmente libres, como el compromiso por una “libertad para ser” que necesita de la igualdad para ser posible. ¿Tiene sentido hoy hablar de izquierda? Lo tiene, y lo seguirá teniendo mientras pervivan desigualdades, desequilibrios y desventajas que impidan a un individuo desarrollar plenamente sus aspiraciones y sus capacidades. Mientras haya desigualdades sin responsabilidad, tendrá sentido combatirlas. Ahora bien, ¿es ésta la izquierda que se nos vende desde los partidos políticos convencionales, desde los medios de comunicación, desde el poder, en definitiva? Salta a la vista que no. O al menos, no del todo. Hemos designado como “izquierda sinecdótica” este discurso que se apropia y se envuelve en la etiqueta para perpetrar políticas no ya inútiles, sino abiertamente contrarias a los principios de igualdad y de libertad. ¿Qué es, entonces, o qué puede ser la izquierda hoy? En un mundo regido y conmocionado por la globalización, la aspiración de una sociedad de personas igualmente libres tiene que articularse a través de un modelo de ciudadanía igualitario e inclusivo, que supere la lógica identitaria de lenguas, creencias y culturas y ofrezca a los individuos las herramientas para desarrollar autónomamente su proyecto vital, que constituya el nexo de una comunidad en la que la libertad de cada uno descanse sobre la unión y la libertad de todos.

Hay, por tanto, una izquierda no ya posible, sino una izquierda deseable y necesaria hoy en día. Una izquierda cívica y moderna, que no es la que hoy se nos vende desde los partidos que así se definen; una izquierda que no tiene por qué envolverse en la etiqueta y en la confrontación estéril, pero cuyo civismo, y nunca mejor dicho en estos momentos de confrontación nacional, cuyo compromiso cívico puede darle una mayor capacidad para afrontar los nuevos desafíos, las nuevas oportunidades y las viejas amenazas que tienen planteadas las sociedades occidentales. Se trata, en el fondo, de ideales antiguos y nuevas respuestas para nuevas manifestaciones de los mismos problemas de siempre. Muchas gracias.

Juan Antonio Cordero Fuertes

miércoles, 4 de junio de 2008

¿Problemas? ¿Qué problema?




Cada vez somos más los que exigimos nuestro derecho a un bilingüismo real de las administraciones.

La defensa del derecho a elegir la lengua en la que queremos educar a nuestros hijos (por ejemplo) es una apuesta por la libertad de todos. Cuéntaselo al Síndic, reclamemos nuestros derechos. Tú sabes que tenemos un problema. Entre todos podemos conseguir que ellos también se enteren.

Tú puedes apoyar esta demanda. Para llevar todo esto a buen fin tu colaboración es muy importante.

No sirve de nada que nos quejemos con los amigos ni tan siquiera que salgamos en los diarios, si el protagonista más importante, Tú, no se ha quejado.

Por ello queremos animarte a que canalices tu queja y así ayudes a la importante movilización por esta causa que se está dando en toda España. Es muy fácil, puedes enviar tu queja al “Síndic de Greuges” pulsando en el siguiente link:

https://www.sindic.cat/cas/consul_queixa_formulari.asp

Personalmente, a través del Servicio de Atención a las Personas. El horario es de 9 a 14 horas y de 15 a 19 horas, de lunes a viernes. Josep Anselm Clavé 31, 08002, Barcelona Metro (L3 Drassanes) y Bus (14, 36, 38, 57 -157, 59)
* Por correo ordinario, en la misma dirección
* Por fax: 933 013 187
* Por Internet. A través de este formulario
* Por Videoconferencia. Información sobre el servicio

La queja tiene que ir firmada y debe incluir los datos personales. Si se envía por correo electrónico (sindic@sindic.cat) o a través del formulario por Internet, la queja también debe llevar los datos personales.

Si tienes dudas, el teléfono de información del Síndic es: 93 301 80 75

Recuerda, para continuar con esta reivindicación, lo más importante eres tú. Si tú no te quejas, según ellos, el problema no existe ¿Problemas? ¿Qué problema?

domingo, 25 de mayo de 2008

La patria cultural excluyente resurge



















Parla amb llibertart ……. Pero eso sí, que no se te olvide,
parla en catalá…………. Oh, atente a las consecuencias


La GESTAPO lingüística.


sábado, 24 de mayo de 2008

La Izquierda, hoy. Algunos Desafíos

Hemos planteado los principios del ideario de la izquierda democrática, hemos esbozado algunas líneas para la necesaria actualización de su proyecto político, concebido como síntesis entre el ideario y las circunstancias concretas del momento histórico. Un momento histórico hoy dominado por el fenómeno de la globalización, cuyos efectos condicionan fuertemente el proyecto político desde la izquierda y lo obligan, entendemos, a articularse en torno al concepto y a un determinado modelo de ciudadanía. La ciudadanía como cristalización de la aspiración socialista hacia una sociedad de personas igualmente libres, tal es el núcleo de la izquierda cívica que hemos presentado muy esquemáticamente. Tras esa caracterización, que es sobre todo una toma de posición en el espectro político, hemos identificado las demás opciones políticas en función de su relación con la ciudadanía, y hemos señalado el peligro y los riesgos de la “izquierda sinecdótica”, la izquierda oficial que se considera a sí misma única izquierda posible. Sinecdótica, porque toma la parte por el todo al basar su supuesto izquierdismo en su adhesión vacía a una etiqueta, la de “izquierda”, sin ser coherente con las implicaciones políticas e ideológicas de la denominación. Y sinecdótica, porque habiendo renunciado a los ideales propios del socialismo democrático, la igualdad para la libertad, cree que puede suplir su impotencia para transformar la realidad, su insignificancia ideológica, dirigiendo su atención a las capas superficiales, más accesibles, de esa realidad, como si la realidad se redujera (sinécdoque) tan sólo a su superficie lingüística, mediática o publicitaria.

En realidad, ni faltan problemas o retos para afrontar desde una perspectiva socialista, ni resulta imposible afrontarlos con realismo y ambición transformadora. Por ello, quiero concluir la conferencia mencionando, sin afán exhaustivo por supuesto, algunos de los desafíos que hay hoy planteados, que las sociedades occidentales tienen ante sí y que la izquierda, hoy, la izquierda cívica, debe y puede afrontar a partir del modelo de ciudadanos igualmente libres que la orienta.
Decíamos antes que la situación actual en las sociedades desarrolladas no se explica sin la globalización. Y es, efectivamente, la globalización, o mejor dicho, los fenómenos que se han desplegado en su seno, los que han producido, están produciendo, los mayores cambios sociales, políticos y económicos de las últimas décadas. Unos cambios que abren oportunidades muy destacables, pero que también suponen incertidumbres, riesgos, amenazas y tensiones que no pueden pasarse por alto. Sólo a título de ejemplo, mencionaremos la erosión de la democracia, las nuevas desigualdades y los riesgos para la cohesión social.

La degradación de la calidad democrática es una de ellas. Confluyen en este efecto varias causas. La primera la incapacidad de las instituciones políticas, de los partidos políticos más concretamente, para representar de manera satisfactoria los intereses, las preocupaciones y las aspiraciones de una ciudadanía progresivamente más compleja, en la que las identidades no son ya únicas, sino que empiezan a ser múltiples y solapadas (se es simultáneamente, o se puede ser trabajador, profesional, usuario, empresario...), y por tanto imposibles de reflejar en un modelo, el de los partidos verticales, que “parte” el electorado en compartimentos estancos, disciplinados y pretendidamente monolíticos. Una estructura más adecuada para una colisión entre bloques que para la discusión, el debate y la crítica de una ciudadanía que quiere intervenir en la gestión de sus recursos comunes.

Quiere intervenir, pero cada vez puede menos. Y esta es la segunda cuestión, más estrechamente ligada, quizá, a la globalización. Las instancias locales, autonómicas, nacionales, tienen cada vez menos incidencia en la vida de los ciudadanos. La fragmentación del poder político democrático que vivimos, por ejemplo, en España, contrasta con la globalización del poder económico, mediático y productivo y debilita la fuerza de los ciudadanos, cuya capacidad de intervención se mide únicamente en fortaleza de la democracia. La democracia, es decir, la posibilidad de control y decisión ciudadana en la gestión pública, corre el riesgo de convertirse en irrelevante si el poder político es incapaz de globalizarse a la misma velocidad que el económico, o si la transferencia de poder político a instancias supraestatales (a la Unión Europea) no viene seguido de una democratización de esas instancias, que hoy permanecen ajenas o muy poco permeables al control de la ciudadanía.

La cohesión social es una condición imprescindible para avanzar hacia una sociedad libre. Y son muchos los riesgos que ciernen sobre esta cohesión. La multiplicidad de identidades, la creciente heterogeneidad de las sociedades es una de ellas, que ya se ha abordado y que exige, como hemos visto, una noción de ciudadanía igualitaria, inclusiva y superadora de las fronteras y las adscripciones identitarias. Históricamente, los socialistas han puesto el acento en las desigualdades de carácter económico. También en las de carácter cultural, pero ligando estas últimas a las primeras. Y eso tenía sentido en sociedades fuertemente polarizadas, en las que las diferencias de renta constituían el obstáculo más poderoso contra la igualdad, y por tanto, contra la libertad de los ciudadanos para participar plenamente en la toma de decisiones públicas y desarrollar autónomamente sus aspiraciones y sus capacidades. En esos contextos, la izquierda ha contribuido decisivamente al diseño de redes de protección social y servicios públicos que han reducido de manera significativa la brecha económica en las sociedades occidentales. Ni la han eliminado completamente, ni todos los efectos han sido positivos en un sentido igualitario y emancipador, ni el sistema, el Estado del Bienestar, está protegido contra tensiones y desequilibrios que lo amenazan y que deberán, también, examinarse y reformularse.

No obstante, no quería centrarme ahora en esa cuestión. La mención viene al caso porque, junto con los riesgos de exclusión económica, más o menos afrontados por nuestros sistemas de bienestar, empieza a emerger un riesgo de exclusión que me parece más determinante, y que podríamos denominar exclusión mediática, o informativa, o formativa. Hoy la exclusión, en las sociedades occidentales, no viene ya tan marcada por tener poco, como por carecer de herramientas para interactuar con el entorno, con la información que se recibe, para comprender el mundo y para poder forjarse una conciencia crítica y una existencia autónoma. Asistimos a una explosión en los niveles de exposición mediática de la ciudadanía y a una consolidación de poderosos agentes mediáticos que son, naturalmente, globales. Prensa, radio, televisión, más televisión, internet... los ciudadanos tenemos hoy acceso a un volumen de información impensable hace unos pocos años. Un gran volumen de información que no se corresponde ni con una gran calidad, ni con una gran ecuanimidad en la información. Ser libre hoy significa, también, ser capaz de construir un pensamiento crítico que no se vea condicionado ni manipulado por avalanchas de información dirigida. Para la izquierda, esto plantea dos retos. El primero es la racionalización de un universo mediático que resulta cada vez más poderoso, que cada vez tiene más influencia en la sociedad, y en el que la garantía de desconcentración, pluralidad, diversidad y ecuanimidad de agentes es una necesidad cada vez más inaplazable para asegurar una información libre y no sesgada. El segundo, y quizá más central, es la centralidad de la educación en el proyecto socialista. Una educación que priorice una completa formación científica y técnica del estudiante, del futuro ciudadano, como profesional capaz de desenvolverse por sí mismo en un mercado laboral en el que la capacidad de influencia del Estado empieza a ser fuertemente cuestionada. Pero una educación, también, que enfatice la formación humanística y que ponga el acento en la formación de ciudadanos críticos, capaces de comprender el mundo en el que viven y de tomar parte protagonista en él. Si este esfuerzo no se hace, o si se fracasa en el empeño, las sociedades occidentales se verán fracturadas por una brecha que no será ya tanto el nivel adquisitivo, ni siquiera el acceso a la información y el conocimiento, sino la capacidad para convertir ese acceso global a la información en un aliado personal o en una alienación. En ese debate se juega, también, la calidad de la ciudadanía en las sociedades del futuro.

Juan Antonio Cordero Fuertes